Archivo | enero, 2015

EL MUNDO DE LAS VENTANAS

27 Ene

Como preparar a un niño ante los comentarios xenófobos o racistas que tendrá que escuchar a medida que van creciendo , como enseñarles a que haga oídos sordos y no les afecte.

Por suerte había preparado a mi hijo desde los 8 años; le explicaba sobre “el mundo de las ventanas” aquellas que reflejan la mentalidad de las personas, que dependiendo de su diámetro indica si son personas de mentalidad abierta o mentalidad cerrada. Los de mentalidad abierta, son como las ventanas grandes donde ellos pueden ver las cosas con más claridad, porque saben sacar lo mejor de todo aquello nuevo que se les presente; mientras los de mentalidad cerrada, son como las pequeñas ventanas de casitas de pueblo, que en muchos casos apenas dejan entrar la luz del sol, solo se dejan llevar por la ignorancia de no saber encontrar la variedad que el mundo les ofrece.

Siempre habrá alguien que le haga recordar que son diferentes, que no son de aquí, para eso nosotros los padres inmigrantes o extranjeros tenemos ese terreno avanzado, para poder ayudar a nuestros hijos a tomarse estos comentarios con cierta relatividad, enseñándoles a defenderse con respuestas astutas y sin perder la educación.

Anuncios

Carta a los padres de la escuela

18 Ene

Esta vez queremos compartir con vosotros una carta, la de unos padres de familia, donde hacen saber al resto de padres del colegio, del por qué, de ese comportamiento de su hija de tan solo 3 años con el resto de sus compañeritos, ya que es importante sensibilizar en la escuela lo que significa las primeras etapas de adaptación de un niño adoptado, y no se genere en la escuela un ambiente en que se margine al niño, ni a los padres.

Apreciados Padres de familia,

Sentimos tener que volver a escribiros para manifestarles que estamos profundamente apenados, por los arañazos de nuestra pequeña hija a sus compañeritos de clase; nos imaginamos que muchos padres se preguntaran, como será ese hogar para que aquella niña se comporte así?.. sin ir más lejos os puedo asegurar que somos una pareja como cualquiera de vosotros, que hace más de 10 años decidió ampliarse como familia por medio de la adopción, nuestro hijo mayor de 9 años, es un niño muy dócil, respetuoso, sensible, compañero, amigo de sus amigos y muy buen estudiante. Nuestra pequeña niña solo lleva un año con nosotros, está pasando por un proceso de adaptación; y no quiero entrar en detalles de cómo fueron sus primeros años de vida; lo único que os podemos aportar, es un poco de información, de lo que significa el abandono en el ser humano:

El abandono es un trauma por sí mismo, las experiencias y las atenciones que los niños experimentan cuando son bebés y más en la primera infancia, enseñan a sus cerebros cómo pensar, cómo sentir, cómo relacionarse, como amar, como actuar, como defenderse, como regularse. Los niños que no reciben estos cuidados, no maduran este prefrontal y esto les lleva a no saberse auto calmar, ni encontrar recursos ni solución a los problemas tan simples, como cuando les quitan un juguete, produciendo en ellos constantes frustraciones, rabietas, bloqueos. (lo cual no significa que sea agresividad)

http://maruxahernando.typepad.com/mi_weblog/2013/09/el-apego-y-el-trauma-del-abandono-el-abandono-un-trauma-por-s%C3%AD-mismo.html

Pero gracias a Dios todo esto tiene una evolución, y estamos trabajando en ello, para que nuestra pequeña aprenda a gestionar sus emociones, ya que recibimos la guía de una psicóloga especializada en niños adoptados, a partir de febrero iremos al CDIAP (Centre de desenvolupament infantil i atenció precoç), para que nos presten la ayuda necesaria para estos casos, estaremos aún más atentos con las uñas de la niña, como también seguiremos en contacto directo con la maestra y la psicóloga del colegio.

Como podéis observar estamos haciendo todo lo posible. Y sobre todo lo más importante es que a nadie le duele más este comportamiento que a nosotros.
Que os podemos decir, más que pedir disculpas de todo corazón.

Un saludo

Cuando los padres adoptivos se separan

12 Ene

Cuando un matrimonio se da por terminado, siempre suele ser un proceso complejo y doloroso. Una situación difícil para la pareja y para toda la familia, ya que se rompen las expectativas e ilusiones. Y como toda separación, los hijos también son los grandes afectados, y si los hijos son adoptados, ¿como les afecta?  ¿lo vivirían como un nuevo abandono?
El dolor que implica la separación de los padres hace que un hijo adoptado reviva, ya sea consciente o inconscientemente, su vulnerabilidad y su sensación de desamparo. La realidad puede ser dura, pero es la realidad: todos los niños sufren con la separación de sus padres, pero los hijos adoptados presentan una mayor vulnerabilidad, ya que los marca el trauma del abandono, producto de la separación temprana de su familia de origen. “Ellos cargan en su historia con un daño y necesitan ayuda para reestablecerse”, dice el psiquiatra Eduardo Jaar. Por lo mismo, la separación de sus padres tiene sobre ellos un mayor efecto a que si conformaran una familia con lazos sanguíneos.
“Ciertamente para ellos este proceso puede ser más tormentoso, los cambios pueden no ser bien tolerados y la sensación de ansiedad que se genera puede ser importante”, agrega el especialista. Sin embargo, si bien el dolor existe y -con certeza- es imposible evitarlo, la buena noticia es que este proceso no necesariamente genera un nuevo trauma.
La psicóloga Valentina Quinteros así lo explica. “Es un hecho: está la amenaza de que una separación matrimonial de padres adoptivos reedite o despierte en el hijo adoptado la experiencia de abandono. Pero también está la oportunidad de evitar una retraumatización y de lograr algo distinto”.

Las acciones que hacen la diferencia
En conversación con ambos expertos es posible detallar qué es lo más recomendado y eficaz para lograr dar la estabilidad necesaria, evitando despertar una mayor sensación de desamparo en un hijo adoptado.
En primer lugar, para Valentina Quinteros, un tema fundamental es la validación emocional.  Ésta se refiere a que la pareja que se está separando tome conciencia que, si bien son ellos los afectados por el quiebre, también lo son sus hijos, partícipes de  esta historia, y no se les puede negar ni minimizar su dolor. Sobre todo en estos casos, jamás se debe perder de vista la historia y los orígenes del hijo adoptado.

“Validar su experiencia es estar con ellos, creerles sus sensaciones, respaldar sus explicaciones y evitar decir frases como: ‘la que se está separando soy yo’ o ‘el que está sufriendo soy yo, no tú’ ”.

La validación, el aceptar y ver su dolor, permite acoger y proteger al niño. En concreto, esto es estar disponible para acompañarlo, para conversar, para preguntarle cómo está, qué piensa y para expresarle directamente que saben que está sufriendo. “La validación también se logra con gestos, con actos concretos de cercanía, con proximidad física, con preocupaciones claras por el hijo, con tener la disponibilidad de pensar y de adelantarse a lo que le puede estar pasando”, concluye Valentina Quinteros. Otro gran pilar para proteger a los niños de un nuevo trauma, es intentar desplegar adecuadas respuestas del entorno. Es decir, pensar y actuar de la mejor manera en cuanto a cómo se plantea, se enfrenta y se procesa una separación.

Información obtenida en: Adopcion y Familia

Silencio entre adoptantes

2 Ene

Por Eva Giberti

Durante los primeros años de convivencia con el hijo adoptivo no habían surgido grandes problemas. Alguna tensión en el aprendizaje escolar cuando el niño concurría a la escuela primaria, rápidamente resuelta. La pareja había transcurrido los años posteriores al casamiento “buscando” un bebé, sobrellevando con calma la estupidez de las preguntas meteretas: “Y… ¿para cuándo?”, de acuerdo con la imprescindible necesidad de alguna gente que no puede disimular su curiosidad por lo que sucede en la intimidad de una pareja. E interroga acerca de lo que debería callar. Si alguien supone que se trata de una pregunta interesada por la descendencia de esa pareja, se equivoca: son personas que necesitan mortificar a terceros.

Recurrieron a las técnicas actuales para lograr un resultado fecundante pero, al fracasar la estrategia, la adopción ocupó su lugar de la composición familiar. Los primeros en oponerse, como sucede a menudo, fueron los abuelos. Por aquella cuestión del linaje. Una adopción interrumpe la consanguinidad, que para algunas personas puede resultar muy importante cuando se funda una familia.

Con frecuencia los abuelos se convierten en opositores cruciales con el argumento mayor: “No se sabe de dónde viene… qué herencia podrá traer…”, interrogantes que a quienes esperan adoptar interesan relativamente. Pretenden compaginar una familia con un hijo y lo demás es secundario.

En cambio no es secundario, pero con frecuencia y arriesgando una equivocación que se posterga, dilucidar “de quién es la responsabilidad por la infertilidad, por causa del varón o de la mujer”. Ese capítulo, una vez que los análisis hayan sido lo suficientemente claros –lo que no siempre sucede– parecería que dejase de interesar o de importar. Todos los esfuerzos se dirigen a adoptar una criatura postergando el diálogo acerca de la infertilidad. En realidad cancelándolo. Es lo que se supone.

Es un diálogo que se mantiene pulsante si no se trabaja con el tema mediante las conversaciones técnicas pertinentes. Porque el pensamiento de la mujer fértil con un compañero infértil o estéril es: “Si yo me hubiese casado con otro, seguramente tendría un hijo de la panza…”.

Por su parte, el varón, ante la mujer que no puede engendrar, deja abierta como posible la fantasía de engendrar con otra mujer, al margen de su pareja. También piensa: “Con otra mujer hubiese tenido un chico propio y no adoptado”.

Estos contenidos que pueden acompañar a las parejas durante los trámites de la adopción quedan sumergidos, reprimidos, inhibidos, postergados porque la causa común ahora es “conseguir un niño para adoptar”. Y en esa decisión se manejan todas las alternativas y todas las esperanzas.

Transcurren los años y cada pareja resuelve aquellas dudas y malestares del mejor modo para su equilibrio familiar. No porque hayan desaparecido, sino porque no es operativo para el psiquismo, por razones de economía psíquica, agitar temas que no conducirán a ningún cambio.

Pero, el hijo ha crecido y es un adolescente de quince años que cada vez se parece más a alguien que no se sabe quién es. Y por adolescente hace todo aquello que un adolescente ejecuta, amontona y desmorona mientras dure la adolescencia. Etapa vital que suma un plus, ser adoptivo, lo cual lo surte de un argumento mayúsculo para enfrentar a sus padres enrostrándoles, en cualquier discusión: “Ustedes al fin y al cabo no son mis padres”, frase con la que abre hondos tajos en el ánimo de los padres adoptantes si no están entrenados en saber que eso les va a suceder en algún momento y es preciso disponer de la respuesta rápida para ordenar al jovencito.

Entonces tenemos como parte de la familia un hijo muy parecido a sus padres por educación, crianza y costumbres, pero con una clara ajenidad étnica –no necesariamente–, pero que cada día advierte que su descendencia no tendrá cosa alguna que ver con su familia adoptante. Porque el ADN proviene de otro mundo.

No habría razones para que el tema configurase un conflicto, pero es frecuente que estallen los argumentos, las preguntas que se mantenían sumergidas, silenciadas y no obstante impregnadas por los sentimientos de lo que no se habló en aquella oportunidad primera cuando se discutía quién de los dos era aquel o aquella que tenía un impedimento para engendrar.

Lo decía muy claramente una mujer durante su consulta: “Ahora yo tengo un hijo que no se parece en nada a nosotros… Cada día me resulta más extraño y no es que me falte amor. Yo lo quiero como hijo, pero si me hubiera casado con otro hombre no me vería en esta situación, en la que no sé qué pensar cuando me doy cuenta de que yo pude haber engendrado y me privé de ello porque mi marido es estéril…”.

Esta madre continuaba: “Ahora mi hermana está embarazada y va a tener un bebé que será realmente de la familia. Si yo no hubiera introducido a Jorge –su marido– en mi familia, yo también habría tenido un embarazo y no pude. Me frustré el embarazo por amor hacia mi marido…”.

Este monólogo durante una consulta debió “trabajarse” antes de adoptar, en la inmediatez del diagnóstico de esterilidad o infertilidad, mientras se espera obtener una guarda. En ese tiempo toda la libido y la atención se cargan sobre la futura aparición de un hijo y aquello personal queda clausurado, pero con una vía de escape por donde quizá filtre en algún momento.

No siempre sucede de este modo y encontramos a aquellas parejas cuyos miembros no precisan hablar del antiguo tema. Este se puede hacer presente cuando la criatura muestra su adolescencia con respuestas, pareceres y características físicas que, según los abuelos, se deben al otro linaje misterioso que el nieto introdujo en esa familia.

De allí que la pubertad y la adolescencia de los adoptivos, además de sus propias realidades, divertidas, conflictivas y siempre sorprendentes, abre un espacio, el de los “parecidos” que a su vez parecería despertar meditaciones de sus padres adoptantes que los retrotraen a pensamientos y sentimientos que parecían sepultados en el diálogo con la pareja.

He presenciado tales explosiones en consultas aparentemente por las conductas de los hijos adolescentes. Sin embargo, ambos miembros de la pareja estaban hablando de aquellos primeros años cuando el diagnóstico del médico informó la imposibilidad de gestación y “recomendó adoptar” en lugar de sugerir una psicoterapia para ese hombre y esa mujer antes de pensar en incluir una criatura en sus vidas.

La necesidad de psicoterapias en aquellos tiempos reside en dialogar de aquello que “por amor” se calla, para no dañar al miembro infértil o estéril de la pareja. Sin embargo, ese hombre y esa mujer cuentan con su propia familia que no titubea en criticar y/o “responsabilizar” a quien no puede engendrar levantando la polvareda de críticas y sumatoria de riesgos, persecutorios, negativos. Comentarios que se suman a los ya descorazonados miembros de la pareja que no ceden en su deseo de una adopción. Triunfan y adoptan. La atención puesta en la criatura mantiene soterrado un conflicto humano que se desata, o aun sumergido presiona por expresarse en desavenencias de la pareja, y cuando esto sucede durante la pubertad y la adolescencia del hijo adoptivo la consulta surge alrededor de sus comportamientos. No obstante, lo que continúo encontrando es silencios amurallados desde antaño entre ese hombre y esa mujer que no se atrevieron a enfrentarse cuando era preciso hacerlo.

No hubiera retomado este tema, paradigmático de las adopciones, si no escuchara consultas cuyos protagonistas son chicos y chicas adolescentes que no imaginan que las críticas de sus padres no son las que ellos generan, sino la antigua historia que existe entre ellos, que quince años antes no hablaron de lo que les sucedía, renunciando a la propia fecundidad por la esterilidad del otro. Y guardándose “por amor” el secreto de una frustración que cuando se tramita provechosamente permite convivir sin verdades taponadas. Pero que cuando se callan por años, encuentran, mediante la presencia de ese hijo que no se parece a ninguno de ellos, una vía de salida para desencontrarse en la convivencia.

informacion obtenida en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-245791-2014-05-08.html

Solo puedo añadir que esta realidad se apuntan mucho a la cultura sudamericana que aun prima el concepto de linaje, heredado de la época colonial hace mas de 500 años, parece que aún no hemos evolucionado en este aspecto. Ya que aún hay parejas que se rompen cuando uno de los miembros no puede concebir un hijo biológico, generalmente la mentalidad machista no les permite ver la adopción como vía de crecimiento familiar, y si se acepta de manera forzada, arrastrará las taras que nos explica la Dra. Eva Giberti. Por otro lado en países del primer mundo, como es el caso de España son otras las taras que se suceden, una de ellas el de aceptar la cultura de origen de los hijos en caso de las adopciones internacionales, son pocos los padres que realmente se implican en ayudar a sus hijos a encontrar su identidad cultural de origen y participar de ella, ya que no quieren que sean confundidos con inmigrantes, los chicos solo aprenden a ser españoles, creo que hay que trabajar esa doble mentalidad cultural que les aportará y no les restara.