Cuando los padres adoptivos se separan

12 Ene

Cuando un matrimonio se da por terminado, siempre suele ser un proceso complejo y doloroso. Una situación difícil para la pareja y para toda la familia, ya que se rompen las expectativas e ilusiones. Y como toda separación, los hijos también son los grandes afectados, y si los hijos son adoptados, ¿como les afecta?  ¿lo vivirían como un nuevo abandono?
El dolor que implica la separación de los padres hace que un hijo adoptado reviva, ya sea consciente o inconscientemente, su vulnerabilidad y su sensación de desamparo. La realidad puede ser dura, pero es la realidad: todos los niños sufren con la separación de sus padres, pero los hijos adoptados presentan una mayor vulnerabilidad, ya que los marca el trauma del abandono, producto de la separación temprana de su familia de origen. “Ellos cargan en su historia con un daño y necesitan ayuda para reestablecerse”, dice el psiquiatra Eduardo Jaar. Por lo mismo, la separación de sus padres tiene sobre ellos un mayor efecto a que si conformaran una familia con lazos sanguíneos.
“Ciertamente para ellos este proceso puede ser más tormentoso, los cambios pueden no ser bien tolerados y la sensación de ansiedad que se genera puede ser importante”, agrega el especialista. Sin embargo, si bien el dolor existe y -con certeza- es imposible evitarlo, la buena noticia es que este proceso no necesariamente genera un nuevo trauma.
La psicóloga Valentina Quinteros así lo explica. “Es un hecho: está la amenaza de que una separación matrimonial de padres adoptivos reedite o despierte en el hijo adoptado la experiencia de abandono. Pero también está la oportunidad de evitar una retraumatización y de lograr algo distinto”.

Las acciones que hacen la diferencia
En conversación con ambos expertos es posible detallar qué es lo más recomendado y eficaz para lograr dar la estabilidad necesaria, evitando despertar una mayor sensación de desamparo en un hijo adoptado.
En primer lugar, para Valentina Quinteros, un tema fundamental es la validación emocional.  Ésta se refiere a que la pareja que se está separando tome conciencia que, si bien son ellos los afectados por el quiebre, también lo son sus hijos, partícipes de  esta historia, y no se les puede negar ni minimizar su dolor. Sobre todo en estos casos, jamás se debe perder de vista la historia y los orígenes del hijo adoptado.

“Validar su experiencia es estar con ellos, creerles sus sensaciones, respaldar sus explicaciones y evitar decir frases como: ‘la que se está separando soy yo’ o ‘el que está sufriendo soy yo, no tú’ ”.

La validación, el aceptar y ver su dolor, permite acoger y proteger al niño. En concreto, esto es estar disponible para acompañarlo, para conversar, para preguntarle cómo está, qué piensa y para expresarle directamente que saben que está sufriendo. “La validación también se logra con gestos, con actos concretos de cercanía, con proximidad física, con preocupaciones claras por el hijo, con tener la disponibilidad de pensar y de adelantarse a lo que le puede estar pasando”, concluye Valentina Quinteros. Otro gran pilar para proteger a los niños de un nuevo trauma, es intentar desplegar adecuadas respuestas del entorno. Es decir, pensar y actuar de la mejor manera en cuanto a cómo se plantea, se enfrenta y se procesa una separación.

Información obtenida en: Adopcion y Familia
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