GERARD “EL GUERRERO DEL FUTURO” capitulo III

3 Feb

CAPÍTULO III:
LOS DANZANTES DE TIJERAS

Danzante de tijeras 1

Nuestro pequeño guerrero quedo trastornado después de su épica batalla con el general “tuta” (noche negra), para así evitar los sacrificios humanos requeridos por los Ukupachas, en pago por la explotación de los minerales requeridos por el reino de Tupac Yupanqui. Algo quedo impregnado en su interior, ya no fue el mismo, habían fantasmas que le atormentaban por las noches, y los chamanes de palacio, le decían que eran los “apus” de las montañas sagradas, que le pedían una compensación por haberse adentrado al uku pacha cuando aún no había sido llamado, y que solo había una salida, haciendo una ofrenda con el alma pura. –Cómo hacerlo? Se preguntaba el pequeño guerrero.
Una de esas noches que no podía dormir, escucho unas risillas que se iban perdiendo por los pasillos de palacio, decidió seguirlos en la oscuridad de la noche; se trataba de un grupo de chiquillos que iban a espiar a los “tusuq laykas” sacerdotes Andinos, que ofrecerían un ritual durante el alba en un lugar sagrado del Sacsayhuaman a los dioses incas , para que concedieran al incanato las lluvias, las cosechas y la abundancia…
Nuestro pequeño guerrero pensó que podía aprender de esos sacerdotes y tener acceso a los apus del uku pacha por medio se los dioses de hanan Pacha; pero de pronto cayó en un profundo sueño, trasladándose así al futuro de donde vino, viendo como un grupo de niños se preparaban para un ritual en las pacchas (caídas de agua), con vestimentas de diversos colores, un sombrero de grandes dimensiones en forma de kero achatado (copa de rituales inca), que tenían bordados de diferentes motivos espirituales, lazos de diversos colores que caían por los lados emulando al arco iris, enmarcando por un abundante flequillo de hilos dorados que les tapaba la cara, sus corpiños eran pecheras de finos bordados con hilos dorados y plateados con motivos que identificaba a cada niño, con el animal que vivía en ellos, cóndores, jaguares, panteras, etc. y sus nombres provenían de dichos animales que les regalaba las fuerzas suficientes para poder vencer los retos, los pantalones eran de ala ancha, sueltos en el tobillo, para poderse moverse con facilidad y en una mano llevaban unas tijeras sueltas, que hacían sonar a ritmo según las notas del arpa y violín, música que hipnotizaba por su monotonía.
Se trataba de “la danza de tijeras”, esa danza que en zonas recónditas del Perú se practica en honor a los “tusuq laykas” cuando les fue prohibida por los colonizadores; uno de los niños levanto los brazos hacia arriba, como llamando a los dioses del hanan pacha y de pronto giro la cabeza y lo señalo, nuestro pequeño guerrero despertó de golpe, asustado pero a la vez seguro que había descubierto que es lo que tenía que hacer…

Autores: EIP y GRI

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