“Soy adoptado y empecé a drogarme a los 11 años”

26 Jul

Hace más de un mes salió esta noticia en el diario ” EL MUNDO” por el día internacional contra la droga, de la cual no quiero dejar de pasar, ya que es muy probable que se siga hablando de ella, porque en España acabamos de llegar a la adolescencia en la adopción internacional..  Hace unos días hablaba con el Director de Proyecto Hombre en Catalunya, en el que me indicaba que los adolescentes entre los 13 y 14 años empiezan a coquetear con el mundo de las drogas y el alcoholismo, y que no siempre son de hogares des-estructurados, como la mayoría de gente piensa.  Son de familias tradicionales, familias de clase media que no desatienden a sus hijos, pero hay carencias en sus vidas que las llenan con estos pasatiempos como ellos dicen, será que no nos damos cuenta y las drogas son tan visibles y tan aceptadas que parecen normal que ellos experimenten con ellas?.

Fernando, en el centro de Proyecto Joven en Palma.

Fernando tiene la droga grabada en los genes. Sus padres biológicos eran heroinómanos, yonkis que le dieron en adopción a los cinco años. Y en su nueva casa con una pareja de clase trabajadora cumplió los seis, los siete, los ocho, los nueve… Hasta que a los 11 años la herencia que llevaba en la sangre comenzó a engullir a ese preadolescente hiperactivo y atormentado.

“Empecé con los porros y luego fue un no parar, me metía todo lo que me ponían delante”, cuenta Fernando, que hoy tiene 20 años y ha salido y entrado tres veces de Proyecto Joven en los siete meses que lleva en el programa.

“No hemos hecho ningún estudio para saber la relación que hay entre la adopción y la drogadicción, pero creo que el día que lo hagamos nos llevaremos una sorpresa”, dice Marcos Campoy, director de Proyecto Joven, el hermano menor de Proyecto Hombre, dirigido a menores de 21 años.

Como director, él ha observado cómo el patrón de ser adoptados se repite en un número preocupante de sus usuarios. Preguntado por una cifra, por una media del total, no se anima a hacer una cuenta exacta, pero a haciendo un cálculo mental aproximado diría que representan alrededor del 10% de los chavales que acuden a su programa.

Según un estudio hecho por la Universidad Commonwealth de Virginia (EE UU) en 2012 con más de 18.000 niños adoptados y recogido por la CNN, el factor genético influye en la vulnerabilidad a las drogodependencias. Los resultados arrojaron que la predisposición a la adicción es casi el doble en los niños adoptados cuyos padres biológicos -o al menos uno de ellos- eran consumidores de drogas con respecto a los que no. Un factor al que cabe añadir la importancia del entorno en el que acaban siendo criados estos niños. Según dicho estudio, los efectos genéticos sobre el consumo de drogas son menos potentes en los entornos de bajo riesgo que en los de alto riesgo.

“El drogadicto es un manipulador de la realidad, un experto en buscar excusas para su comportamiento”, asegura Campoy, que cree que en muchos caso la condición de adoptado sirve de “excusa” para justificar el drama de la adicción.

En el caso de Fernando, éste no tiene ni una sola mala palabra para sus padres adoptivos, de los que habla con cariño a pesar de haberles maltratado hasta amenazarles con un cuchillo. Sin embargo, otros jóvenes como Linda, de 23 años, van más allá de un supuesto factor genético y explican su historia siempre teniendo muy presente la falta de afecto con la que crecieron, en su caso en un hogar donde convivían seis adoptados y dos hijos biológicos de una pareja de españoles funcionarios en la Comisión Europea en Bruselas.

Fernando empezó a los 11 años con la marihuana; a los 13, con cocaína; y a los 15 ya trapicheaba. Coca, MDMA, speed, cristal, setaslabios rojos... Muchas cuentas en el largo rosario de drogas de este mallorquín que a los 13 años ya “bajaba a Palma en autobús para comprar coca en Son Banya”. Su pueblo, Cala Rajada, está a hora y media de la capital balear. El niño Fernando compraba la droga a adultos, que “sabían perfectamente” que era menor, pero “pasaban de todo, les bastaba con que pagara”.

Perdió la novia, el trabajo y robó hasta que con 16 años le pilló la Policía y le internaron en el centro de menores de Es Pinaret. Sus padres estaban desesperados. Después de haberle pagado la terapia desde los 5 a los 13 años, ya no sabían qué más hacer para ayudarle. Hasta que un día les amenazó con un cuchillo y ellos pidieron una orden de alejamiento.

“Desde que estoy aquí creo que mi padre empieza a estar más orgulloso de mí. Ya me han quitado la orden de alejamiento. No confiará del todo hasta que no tenga el alta de verdad, pero poco a poco”, explica Fernando, por primera vez afectado durante la entrevista que tiene con EL MUNDO. Quiere a sus padres adoptivos, a los que sencillamente llama así, “mis padres”, y salpica el relato de su vida con palabras como “culpa”, “remordimientos”, “arrepentimiento”

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