Archivo | septiembre, 2015

El acoso escolar y las herramientas de la Mediación (por Rosa Chover)

18 Sep

El acoso escolar, lamentablemente es un mal muy común hoy en día, los acosadores saben escabullirse de las miradas de los adultos, y los afectados callan mucho tiempo, y el resto de compañeros prefiere no hacer nada. Rosa Chover nos da una mirada desde un punto de vista mediador.

Por Rosa Chover, abogada y mediadora. @Manuelasecret

Post I. Tratamiento y prevención del bullying o acoso escolar en el espacio educativo.

Cuando me propuse estudiar qué técnicas de intervención se utilizaban en España para combatir el acoso escolar, me di cuenta de que hablamos mucho de la prevención, pero muy poco de la intervención directa.

Si echamos un vistazo a los manuales elaborados por las escuelas y por los diversos departamentos de enseñanza de las múltiples Comunidades Autónomas, las palabras que más aparecen son “procedimiento sancionador“, “expediente sancionador“, “tolerancia cero“, “expediente disciplinario“, “expulsión/suspensión“… y así podría seguir.

Ante un posible caso de acoso, se abren expedientes, se hacen interrogatorios, se convoca a padres e hijos, se informa a las autoridades inspectoras o a los fiscales, y así entramos en una retahíla de trámites y pruebas quizá necesarios pero que, sin embargo, no inciden demasiado en la relación entre los menores implicados, tanto si son víctimas como si son acosadores.

En una cosa coinciden todos los coordinadores que he entrevistado y que es de cajón: lo primero de todo es parar el acoso y proteger a la víctima. Hasta ahí estamos de acuerdo. Sin embargo, el siguiente paso que se dé será crucial para la convivencia de todos y todas en la comunidad educativa, y de ello va a depender cómo les enseñemos a los niños a solucionar sus problemas.

El enfoque más activo en España sigue siendo el disciplinario: abro expediente sancionador, recabo pruebas y castigo a los culpables. Pero este enfoque tiene lapsus evidentes, que son los que nos conducen al fracaso frecuente en la detección de casos y en su intervención satisfactoria. Lo primero: las pruebas no siempre son evidentes y mucho menos visibles para los adultos. El acoso sucede cuando nadie me ve, en los pasillos, en los lavabos, en un rincón poco iluminado, o bien es subliminal, o bien es simplemente exclusivo. El hecho de que un niño o niña esté excluido de los juegos del grupo o se le menosprecie verbalmente es difícilmente cuantificable en término de daños, ni tampoco afecta por igual a unos o a otros.

Por otra parte, en caso de que las pruebas sí puedan recabarse y los culpables ser castigados, la famosa ‘tolerancia cero’ que proclaman los centros educativos, ¿qué conseguimos? ¿Qué se sepa que aquí no toleramos este tipo de actitudes? ¿Qué somos firmes y que no pasaremos ni una? Bien. Pero no podemos desconocer los riesgos del método puramente disciplinario. El castigo podrán ser tres días o más de expulsión, pero ese alumno o alumnos castigados, volverán al centro antes o después, y se encontrarán con la víctima, que para ellos será el culpable directo de su castigo, por lo que quizá lo queestamos consiguiendo sea: que el acoso se haga más invisible, y que se haga más tenaz porque ahora sí tienen una causa para su persecución –la víctima les ha denunciado-. También pudiera tratarse de una expulsión definitiva del centro, pero ¿desde cuándo apartar a un sujeto de un núcleo social –y ponerlo en otro- lo hace menos dañino?. Sólo estaremos trasladando el problema de sitio.

En cuanto a la víctima, quizá ahora tenga más miedo que antes. Según de qué edad estemos hablando, el grupito de acosadores puede estar a la puerta del colegio, por no hablar de ponerle puertas al campo de internet y las redes sociales.

Todas estas razones me llevaron a pensar que tiene que haber algo más que podamos hacer para combatir el acoso escolar. Los anglosajones lo tienen mucho más estudiado que nosotros, quizá porque sus míticos internados les han provocado situaciones mucho más duras que las nuestras y les han llevado a investigar los métodos de intervención mucho antes que a nosotros. A este respecto, recomiendo la lectura del libro de Ken Rigby, Bullying Interventions in Schools: Six Basic Approaches, donde hace un magnífico resumen y crítica de los que él considera los 6 enfoques básicos para atacar de modo directo el acoso escolar: el enfoque disciplinario, el refuerzo de la víctima en habilidades sociales, la mediación, la justicia restaurativa, el Grupo de Soporte o Support Group Method, y el Método de Anatol Pikas o Shared Concern. Lamentable e inexplicablemente, este manual, que debería ser básico en las escuelas, no está en castellano.

seguir leyendo en: A MEDIAR GRANADA

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Como me convertí en padre (relatos reales)

9 Sep

En esta historia vemos el desapego de unos padres, el reto de un hombre que era solitario, la falta de sensibilidad del entorno adoptivo, heridas que perduran.

-Doctor, hay un niño en el hospital al que no han venido a buscar.

Fabián, era el director de un hospital en la región del Ucayali de la selva peruana, a quien le apasionaba la investigación, dedicándole  su vida en cuerpo y alma, e incluso renunciado a su propia vida familiar; todo esto cambiaría con la llegada de limoncito. Un niño nativo a quien dejaron en el hospital por una enfermedad que padecía, pero nunca volvieron a buscarlo; se decía que sus padres tuvieron que seguir con su viaje para adentrarse al corazón de la selva  y no podían esperar más por él, otros comentaban que la pareja tenía muchos hijos y este era el más débil, el caso es que no había quien pudiera ocuparse del niño. Las enfermeras se turnaban para jugar y atenderlo, mientras esperaban que el organismo correspondiente consiguiera un hogar temporal. Pasaron las semanas llegando al mes y el niño seguía internado, es entonces que Fabián se ofreció para llevárselo a su casa, ya que tenía una ama de llaves que le atendería, mientras esperaban un cupo en la casa de las monjas que estaba abarrotado.

Pasaron los meses y limoncito seguía en casa de Fabián,  acostumbrado a verlo corretear por los pasillos, se vio obligado a escolarizarlo en parvulario, ya que no hacia otra cosa que hacer trastadas. – Nombre del niño, le pregunto el director del centro, Fabián se quedó en blanco,  no sabía ni como se llamaba, ya que todos le decían limoncito, no le quedó otra que llamarlo -Luis Ernesto.

Luis Ernesto creció al lado de su tutor, hasta que un día tuvieron que mudarse a la gran capital, porque a su padre le habían ofrecido un mejor puesto de investigador, por los grandes avances que había conseguido, bien establecidos con su nueva vida, Fabián se vio obligado a buscar ayuda para acompañar limoncito, cuando se presentaran viajes fuera de la ciudad e inclusive fuera del país; su familia nunca estuvo preparada para entender en qué consistía la adopción, en este caso el acogimiento, ya que jamás tuvo buenos tratos con el pequeño, lo venían como un intruso, el que les quitaría la herencia de Fabian. Pasaron los años el adolecente limoncito se hizo hombre y con la ayuda de su padre pudo inclusive conocer a sus padres biológicos, quienes lo felicitaron por haberse hecho de estudios, algo que ellos nunca le hubieran podido ofrecer, Pero las heridas que le causaron las personas cercanas a limoncito siempre las llevaría consigo, ya que en aquellos años la sociedad peruana nunca tuvo inputs sobre la cultura de la adopción.