Archive | enero, 2016

Los Referentes en la Adopción

31 Ene

¿Es importante considerar los referentes raciales o culturales, en el entorno del adoptado?

Después de haber hablado con 3 adultos adoptados interraciales (Holanda, Inglaterra y Suiza), les hice la siguiente pregunta: – ¿Habéis sentido la ausencia de referentes raciales o culturales en vuestra adolescencia y juventud? Unos me respondieron que sí lo echaron en falta, otros consideraron que no fue necesario; los que echaron en falta, me dijeron que vivieron en zonas donde prácticamente no habían inmigrantes, pero sintieron esa falta en su adolescencia, porque se veían como lunares en su entorno, es por eso que cuando tuvieron la edad suficiente, fueron en su búsqueda a las grandes ciudades, uno de ellos incluso aprendió a vestir como los de su etnia inmigrante, a caminar y a hablar con su acento, el otro solo buscaba novias entre la comunidad inmigrante de su país de origen, e incluso se casó con una de ellas, aparte de aprender música folclórica.

La otra persona, me dijo que no sintió esa necesidad en su adolescencia, porque la sociedad donde vivía no se lo hizo evidente, notó esa diferencia que existe entre los hijos de inmigrantes y los hijos adoptados, entre ellos los privilegios que esto conllevaba. Pero los tres sintieron el llamado de vivir largas temporadas en su país de origen, muy aparte de conocer sus orígenes biológicos, que para suerte dos de ellos ya concluyeron sus búsquedas.

Para las familias adoptivas interraciales ¿les es difícil integrar la imagen del referente racial o cultural en su entorno cercano?

Por experiencia de una familia catalana del grupo que conformamos “Hijos del Perú”, vieron por conveniente empezar a trabajar la autoestima de su hijo mayor desde los 5 años, con el contacto de referentes raciales y culturales, siendo para ellos incuestionables los beneficios que les ha aportado, antes el niño no quería hablar en castellano, y casi nunca mencionaba el Perú en su escuela, hoy sale delante de la clase a explicar cómo era su ciudad natal, y le pide a sus padres cocinar cosas de su país. En otros casos de los cuales, personalmente he hablado en diferentes coloquios al que he asistido, las respuestas fueron vario pintas, a muchos les representa un salto muy importante, y no saben cómo abordarlo, unos intentaron hacer amistades con los padres de los niños inmigrantes de la escuela, logrando buenas migas, otros simplemente creen que no les es necesario.

LIBROS SOBRE ADOPCIÓN

25 Ene

 

Estas navidades tuve la suerte de que llegaran a mis manos, dos libros, dos historias diferentes entre sí, con un denominador común “la adopción”.

  1. Secretos de una adopción (Mª Victoria Peset Marí)
  2. La otra cara de la adopción (Maria Franco)

El primer libro, una novela bucólica, de una relación fenomenal entre unos padres adoptivos y su hija, la cual se irrumpe, cuando esta descubre por si misma, que fue adoptada, despertando en la joven, la necesidad imperante de buscar sus orígenes; arrastrando así a sus padres y a una amiga, a una loca aventura para descubrir su verdad. Una adopción nacional, con mentirijillas y secretos, con convento y monjas de por medio, el desenlace es triste porque justo cuando llega a conocer a su progenitora….. Recomendado para pasar unas tardes tranquilas.

El segundo libro, una historia real, que trata de una adopción fallida, donde una mujer de 36 años, adopta en solitario porque cree que no se casaría, y siente el llamado a la maternidad, y lo hace por medio de la adopción internacional, eligiendo Rusia como país para hacer sus trámites. Le asignan una niña de 3 años, a la que  llama Alba. Y en menos de un año de tener a su hija consigo, conoce al hombre de su vida, que en poco tiempo deciden sellar su amor con el matrimonio, y en camino viene el primer hijo biológico, mientras tanto la niña sigue haciendo trastadas, así y todo al segundo año se mudan de país, con la nueva familia conformada, mientras Alba se va convirtiendo en un verdadero problema, por su conducta, a lo cual, la madre decide tragarse en solitario todo el embolicado que se arma, sin contarle nada a su marido, quien a su vez, es una figura ausente, ya que viaja todo el tiempo, convirtiéndolo en una padre de fin de semana. Nuevamente llega otro hijo biológico, y con el, otro cambio de país, la mujer se sobre carga más, por las campanas de la niña en la escuela, los hurtos, las mentiras, el comportamiento agresivo con sus hermanos pequeños, etc. El caso es que la mujer tuvo 4 hijos biológicos, y ve en su hija adoptiva un verdadero peligro para su familia, por el nivel de agresividad que esta había desarrollado, y decide entregarla a asuntos sociales cuando tenia 12 años.

En todo el libro siento que la autora intenta disculparse, que hizo todo lo posible para aguantar a su hija adoptiva, pero esta le estaba martirizando, busca ayuda profesional cuando el problema ya se había dado, no repara en los cambios a la que le había sometiendo a su hija, no ve, que sus decisiones también le afectaban a la niña, no espera el tiempo suficiente para darle un hermano, sin antes haber logrado vincularse con la pequeña.

En esta historia, la madre describe a su hija como una niña malcriada, que nunca quiso vincularse, que desde que la pequeña llegó hacia más que trastadas, la ponía a prueba en todo momento, ya que viéndose libre, comienza a explorarlo todo, toqueteando, pintando, desobedeciendo, pegando, gritando, chillando, etc. Mi hija que también llego pequeña a Barcelona, era igual de trasto, no paraba, lo tocaba todo, pinto las paredes de casa varias veces, jaloneaba a la gata sacándole mechones de pelos, la encontraba intentado meter palitos en los huequecillos de los enchufes, embozaba el lavamanos con papel higiénico. Trepaba por los muebles jalando los cajones como escalinatas, corría por las calles como una despotricada, en el colegio pegaba y arañaba a sus compañeritos, en los parques montaba unos verdaderos berrinches cuando tenía que llevármela a casa. He perdido el control muchas veces, me he sentido frustrada, y he llorado mucho por sentimientos de mea culpa ante mis falta de paciencia, pero busqué ayuda profesional, he aprendido a gestionar mis propias emociones, me he visto reflejada en los ojos de mi hija, y he trabajado mucho el vínculo, hoy por hoy dos años después de su adopción, puedo decir con mucha alegría que el vínculo se ha dado, y lo seguimos reforzando, mi pequeña es una ricurita, dulce, cariñosa, habladora, tiene aún sus prontos, pero los va moderando, porque se da cuenta, que eso no le lleva a nada, más que ponernos tristes o enfadados.

Mi hija es feliz, es una niña alegre y juguetona, coqueta, guapa y princesa, con sueños y deseos, porque se ve querida, se ve amada por su familia. Ella repite una y otra vez nuestros nombres, y culmina diciendo que nos ama y que nosotros la amamos.

No sé qué es una adopción fallida, no puedo juzgar a nadie, ni menos por un libro, solo quería compartir mis opiniones con estas dos lecturas.

COMPORTARME COMO UNA HIJA

14 Ene

Hace unos días leía en la revista “pronto” una historia en el apartado: “Un hecho real” COMPORTARME COMO UNA HIJA

Donde la protagonista de esa historia narra su experiencia tras quedarse huérfana. Fue adoptada a los 11 años por una familia con la que su madre biológica trabajaba. Siempre se sintió una más de ellos hasta que sus hermanos le mostraron su rechazo.

He rescatado los puntos, que a mí más me han llamado la atención:

Mis padres adoptivos nunca me hicieron sentir mi condición: en su caso siempre procuraron que no me faltaran de nada y me dieron una buena educación, no me hicieron una fiesta de cumpleaños como a mi hermana Lidia cuando cumplió 18 años, pero tampoco la eché en falta en realidad lo suyo fue eso que llaman “una puesta de largo”.

Mi hermano Fernando que era un “señorito” no se hizo esperar. No le importo en absoluto el daño que pudiera hacerme con su comentario, por lo que si más socarronamente me soltó: ”Así que te vas a casar con este picapleitos de medio pelo: claro. Dios los cría y ellos se juntan” y aunque mama Pilar lo mando a callar y pedirme disculpas él no se retractó sino que aun añadió que pese a haber me criado con ellos, seguí siendo la hija de Juani.

Lo que yo ignoraba e ignore por mucho tiempo, era la causa real que había provocado que mi hermana se expresara de aquel modo: el no hablo solo por el mismo, sino que expreso una opinión unánime que mis tres hermanos restantes, incluida Lidia. El detonante de esta situación fue que nuestro padre había decidió reformar su testamento para favorecerme con una pequeña dotación.

A mi padre le diagnosticaron Alzehimer. Ninguno de mis hermanos estuvo a la altura, pues excusándose en su falta de tiempo, se desentendieron de este asunto y de lo esencial: lo desamparada que podría sentirse nuestra madre.

Pero quieren saber ¿Qué le respondieron mis hermanos a mi madre cuando, reprochándoles su despreocupación, les dijo que yo era la única que me preocupaba de ella continuamente? Le dijeron que era lo mínimo que podía hacer por ellos, dado que el favor que, que previamente, me habían hecho al adoptarme y procurarme una vida que, por mi origen no me hubiese correspondido.

Esta lectura me hizo recordar una historia similar que conocí en Perú:

Ana era amiga de mi prima, y no supo hasta el fallecimiento de su madre que era adoptada, ya que sus padres siempre se lo habían ocultado, por temor de hacerle daño, el padre había fallecido unos años antes, y la madre cuando ella cumplía 18 años, es cuando el hermano mayor, le dio un tiempo de ultimátum para buscarse la vida, ya que pretendía vender la casa, y así no tener problemas. Cuando Ana le reclamó del porque tenía que irse ya que también era su casa, es cuando este le soltó la bomba. Ana aun aturdida no hallaba consuelo, no tenía a quien recurrir, se sentía sola en este mundo… tuvo que reunir fuerzas y seguir en solitario su camino.

Mi pregunta es: ¿El compromiso es solo es de los padres? que ha fallado para que estos hermanos mayores no se hayan vinculado con sus nuevos hermanos?

 

SIMILITUDES entre INMIGRACIÓN Y ADOPCIÓN INTERNACIONAL

8 Ene

Amalia era una niña algo tímida, vergonzosa y asustadiza cuando llego a España con solo tres añitos para comenzar el nuevo año escolar, su padre un joven inmigrante hondureño que reagrupo a su pequeña hija porque no le quedaba ningún familiar a en su Tegucigalpa natal, tomo la decisión de traerse a su pequeña niña para comenzar una nueva vida como familia monoparental.

Las perdidas: meses antes Amalia vivía con su abuela materna, ya que a los 6 meses perdido a su joven madre en un accidente, pero la suerte no le acompañaría por mucho tiempo, la abuela también fallecía víctima de un cáncer terminal, dos pérdidas importantes en tan poco tiempo para una niña tan pequeña, que no le dejó tregua alguna para entender del porque tenía que irse a un país lejano.

La adaptación: Rabietas, tras rabietas, en un nuevo espacio reducido del incómodo piso que compartían con otros compatriotas, era la nueva casa de Amalia donde padre e hija comenzaban a trabajar los vínculos que les unía, la escuela como vía de escape se le hacía interminables los días para entender una nueva lengua, horarios rígidos, compañeritos en los que no se veía reflejada, era todo distinto.

La resiliencia: Amalia había entendido que no volvería a ver jamás a la abuela, que no volverá a jugar en las calles de su tumultuoso barrio, que no tendrá que esconderse bajo la cama cuando oyera disparos, que no tendrá que ver la calle desde la ventana resguardada por el temor. Amalia ha entendido que la vida que lleva ahora es mucho mejor, tendrá siempre juguetes, vestiditos nuevos, paseos, cumpleaños, pero siempre le faltara su mamá y tendrá que aprender a vivir con ello.

Las similitudes con la adopción internacional son muchas más de las que creemos, muchos niños que llegan por reagrupación familiar han tenido una historia previa, han sufrido pérdidas, han sufrido violencia, han tenido que adaptarse a su nueva situación, han tenido que aprender nuevas normas y lenguas, el rendimiento escolar es un problema constante en sus vidas, de igual manera tienen problemas con el tema de identidad cultural no terniman siendo de aquí y no se sienten del todo de allá y tambien sufren rechazo.

EL BULLYING DESDE DENTRO

2 Ene

Se recomienda que el Bullying hay que afrontarlo con firmeza desde casa, enseñando a nuestros hijos desde pequeños de que nadie tiene derecho a humillar a los demás, que nadie es superior porque él lo diga, que la tolerancia es una capacidad del ser humano que debiéramos ejercerla siempre. También debemos enseñarles a encontrar sus fortalezas y virtudes, para que puedan acrecentar la confianza en sí mismos, sabiendo que valen mucho, y que no están solos.

Desde hace unos meses F viene sufriendo eventualmente acoso en horas de patio por parte de sus compañeros de clase, le marginan a la hora de jugar, le llaman piojo-man, se burlan por sus ropitas roídas y desgastadas, se muestran indiferentes cuando este no lleva el bocadillo del patio, le recuerdan que no tiene ni para el bolígrafo.

G sale a la defensa con mucha contundencia intentando que reflexionen sus compañeros de lo mal que hacen sentir a F y en ocasiones G recibe amenazas que si sigue siendo amigo de F dejaran de ser sus amigos también; para lo cual G les responde con contundencia:

“Si queréis dejar de ser mis amigos por mi bien, pero algún día os pasara lo mismo y yo no os ayudare, porque me habréis ignorado a mí y a F que está sufriendo mucho”

F solo tienen 10 años y estos episodios vienen dándose desde hace un año, las profesoras no se dieron cuenta, hasta que la madre de G dio la voz de alarma. F quien por desgracia afronta la separación de sus padres, además de sufrir el estrago socio económico que la madre en solitario afronta, se ve desvalido en la escuela, bajando su rendimiento académico hasta por los suelos.

G ha conseguido hablar con los amiguitos más allegados del grupo para que le apoyen y no hagan eco de las burlas que le hacen a F, que se pongan en su piel, ya que nadie está libre de vivir una situación similar. G hace un trabajo de sensibilización entre sus más allegados, manteniendo una distancia prudente con los burlones, pero sin dejarse que le pisen el poncho.