Fragilidad emocional

13 May

Hace unos días discutíamos sobre la fragilidad emocional en los adultos, con lo cual me puse a investigar en las redes sobre lo que opinaban algunos expertos, creo haber encontrado algo muy interesante que me llamo mucho la atención, ya que ciertos patrones podrían coincidir con el tema de la baja autoestima y la alta sensibilidad temas muy recurrente en la adopción.

La incapacidad para resolver problemas suele derivar en la búsqueda desesperada de culpables; la fragilidad de las emociones es síntoma de un pasado difícil, pero también puede ser una maniobra para lograr protagonismo.

Asumirse como frágil es sentirse con el derecho a ser comprendido, atendido y satisfecho en sus deseos y necesidades en el momento y en la forma que lo imagina. Y es así como llega la catástrofe que es la frustración de las expectativas, porque nadie nunca está ni estará a la altura de su fantasía sobre el amor incondicional.

No me llamaste cuando yo lo necesitaba. No me dijiste las palabras de aliento que quería escuchar. No eres como yo quisiera. Me abandonaste. Debes cambiar: frases clásicas del infierno de los desencuentros en donde viven los hipersensibles, que se ofenden por todo, que se describen como sentimentales o sentidos, que son frágiles, pero protagónicos, que proyectan sus obsesiones en los otros; sus esquemas rígidos de cómo debe verse el interés y el amor, incapaces de aceptar que cada quien da lo que puede o lo que decide dar y ni una gota más.

La búsqueda desesperada de la madre fuerte o del padre bueno es un intento inconsciente de reparación y también una detención en el desarrollo, en la etapa de la niñez. Ocurre con frecuencia que los adultos se sienten como si fueran niños que aspiran a la protección incondicional. Un pedazo de todo adulto es un niño desvalido que sólo su parte adulta puede consolar. La incapacidad de auto consuelo es el origen de la dependencia, que en lugar de favorecer relaciones de colaboración e igualdad, propicia vínculos en los que domina la queja, el reclamo, el desgaste, la asfixia, el resentimiento y, a veces, la necesidad impostergable de que alguien ponga un límite con distancia física y emocional.

Artículo de Vale Villa

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