¿Dónde están los Huérfanos del TERRORISMO?

3 Jun

“¡Terrorista!, ¿dónde están tus compañeros?’, gritaba uno de los policías. Me agarró las manos y me arrancó la ropa. Yo pedía auxilio a la desesperada. Comenzó a violarme. Luego entró otro, y otro, y otro. En total fueron siete”. Georgina Gamboa tenía 16 años el 2 de enero de 1981, cuando una patrulla de Sinchis (cuerpo especial de la policía) entró en la pequeña comunidad campesina de Vilcashuamán, en el departamento peruano de Ayacucho, en busca de combatientes de la organización clandestina Sendero Luminoso. La mujer se estremece al recordar aquella noche brutal. Su testimonio es uno de los 17.000 recogidos por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), cuyo trabajo ha dado la voz a las víctimas de la guerra interna que vivió Perú entre 1980 y 2000.

Los siete policías actuaron sin dar la cara, encapuchados. Abusaron de Georgina, la dejaron tirada en el suelo, sucia y ensangrentada. Al día siguiente, en la sede ayacuchana de la Policía de Investigaciones de Perú tuvieron agallas para amenazar. “Si cuentas algo te mataremos. Te vigilaremos”.

Georgina se sentía mal. En el hospital se confirmó la peor sospecha: “Me quería morir. No quería por nada del mundo tener aquel hijo. Me habían violado siete hombres y pensaba que estaba criando un monstruo de siete cabezas dentro de mí”. La niña nació en un hospital de Lima. No quiso verla. “Que se la lleven”, repetía. Una mujer se había ofrecido para adoptar al bebé. Sólo faltaba la firma de la madre. Hasta que le acercaron a la pequeña de tres días y la vio por primera vez, llorando. “Era blanquita, bonita, gordita”. Georgina decidió que quería criar a su hija. Se la entregaron 15 días más tarde. Le puso su nombre y empezó a trabajar de empleada doméstica.

Dos años más tarde, los violadores fueron detenidos. Hubo un juicio, en el que los agresores negaron todo, a pesar de que la mujer reconoció sus voces. Fueron puestos en libertad. Caso cerrado. Ningún culpable y ningún condenado. “Mi caso no puede quedar archivado, tiene que haber justicia por el daño que me han hecho”, se dijo Georgina. El 8 de abril de 2003 declaró en una audiencia que la Comisión de la Verdad y Reconciliación realizó en Ayacucho. La acompañaba su hija, de 22 años. Habló una hora, con lágrimas en los ojos. Fue uno de los relatos más conmovedores de todos los que escucharon los miembros de la comisión a lo largo y ancho de Perú.

Las denuncias de violaciones sexuales proceden en muchos casos de familiares de las víctimas, pero no de las afectadas, que se resisten a hablar, según constataron los equipos de la CVR. Pese a los pocos testimonios recibidos, hay muchos indicios que permiten deducir que las violaciones fueron una práctica masiva, sobre todo por parte de las Fuerzas Armadas. Los datos recogidos por la CVR indican que el 83% de los actos de violación sexual son imputables al Estado, y carca del 11% corresponde a los grupos subversivos (Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA). Estos últimos fueron responsables de abortos forzados, uniones forzadas y servidumbre sexual. Durante las incursiones militares en comunidades campesinas en busca de senderistas era habitual torturar a los varones y violar a las mujeres. El Estado no tiene específicamente una política para atender las secuelas producidas por las violaciones. Las políticas sociales han dado prioridad a los desplazados, huérfanos…

Seguir leyendoLas víctimas rompen el silencio en Perú

El 17 de mayo de 1980 se dio inició la denominada lucha armada en el Perú a manos del movimiento sanguinario “sendero luminoso”. Recuerdo aquella época como la más dolorosa de la historia peruana, dejando más de 69 mil muertos, más de 100 mil huérfanos y 8 mil desaparecidos, con pérdidas económicas de alrededor de 15 mil millones de dólares de acuerdo con la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Como toda guerra, ambos bandos torturaron y mataron a miles de campesinos dejando en la orfandad a cien mil niños, que con suerte, algunos llegaron al cuidado de sus familiares, otros tantos emigraron al desamparo de las calles de las grandes ciudades, mientras centenares de ellos, abarrotaron las casas de acogida de la época, creciendo en la incertidumbre del olvido.

¿Dónde están esos niños hoy adultos? ¿Fueron adoptados? ¿Regresaron con sus familiares?

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: