Archivo | septiembre, 2016

Cuidar los hijos de otras (el documental)

30 Sep

 

Un documental que tanta falta hacia tener en este blog, cuántas veces hemos hecho símiles sobre las dificultades que padecen  los niños de adopción internacional como los hijos de inmigrantes a los que han dejado en sus países de origen para buscar una nueva oportunidad. Compartiendo el sentimiento de abandono, la disociación, los cambios,  la adaptabilidad, entre otras cosas. Diferenciando la herida primaria y otras situaciones que solo la adopción presenta.

Cuando tenía 14 años, la cineasta francesa Vanessa Rousselot vino a España con un programa de intercambio y vivió con una familia sevillana. En aquella casa, trabajaba una mujer peruana de 20 años “interna” que cuidaba a los niños y limpiaba. Tenía además una hija de un año que vivía en su país. A Rousselot le chocó aquel régimen laboral porque en Francia no era muy normal. “Me hubiera gustado hacerle muchas preguntas a aquella mujer, pero no me atreví”, explica Rousselot desde Biarritz, donde exhibe esta semana su documental, En otra casa.

Años más tarde, Rousselot trabajaba en América Latina con Yann Arthus-Bertrand, el artista que fotografía el mundo desde el aire, cuando conoció al hijo de una interna, que también criaba hijos ajenos en España. El chico abandonó la escuela al irse su madre y solo diez años más tarde logró enderezar su vida. “Me di cuenta de que era un tema sobre el que había muchas cosas que decir”.

Esas cosas las dicen las protagonistas del documental de Rousselot, una coproducción franco-española de las productoras Catorce y La Huit que se estrena este fin de semana en el Matadero de Madrid y que ya se ha proyectado en festivales en América Latina y en Francia. Son empleadas de hogar, que suplantan en su día a día a madres biológicas en España y que a su vez son suplantadas en sus países de origen. Mujeres que tejen cariños y afectos aquí y en la otra orilla y que a menudo acaban envueltas en una maraña emocional desquiciante.

Ni buenos ni malos

Así contado, En otra casa podría parecer un documental de denuncia, pero no lo es. No hay moralina, ni buenos ni malos. Hay madres, mujeres, personas adultas, que idean estrategias mentales para sobrevivir a desafíos emocionales monumentales. “Heroínas”, como las llama Rousselot, que permiten a la creadora meter la cámara hasta las cocinas y los salones en los que trabajan. “Mi tema no son las condiciones de trabajo. He querido explorar su mundo interior”.

Cuatro años —búsqueda de financiación incluida— ha tardado Rousselot en ponerlo en pie. Recorrió primero las asociaciones de ecuatorianos, peruanos y otras comunidades latinoamericanas, pero nadie quería contar su historia. Un día cayó en una parroquia que frecuentan paraguayas. Allí pasó un domingo sí, otro no durante dos años. Allí se fue ganando la confianza de sus protagonistas. Y allí es donde transcurre una de las secuencias más emocionantes de la película. Cuando un domingo, con la iglesia abarrotada de mujeres, el cura recupera en el sermón confesiones de las trabajadoras. Como la de una que se enteró de que el dinero que enviaba lo gastaba su marido con otra. O como cuando la hija de 15 años de otra le contó por Skype que estaba embarazada. O la de la que “la señora de la casa” humilla y acaba por derrumbarse.

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próximo COLOQUIO

27 Sep

coloquio

Yo también soy español

18 Sep

Encontré un reportaje sobre identidad de los hijos de inmigrantes nacidos en España, lo que tienen que pasar para sentirse aceptados, para luego aceptarse así mismos. Creo que es un paso paralelo a lo que sería la búsqueda de identidad en la adopción internacional, ya que de alguna manera esa base de origen primigenia ellos no la tienen, ni la reciben, con lo cual es más difícil trabajar la aceptación.

En la mayoría de países de nuestro entorno, existen ya terceras y cuartas generaciones de inmigrantes. En España el fenómeno comienza a dejarse ver. Los chicos y chicas españoles de familia inmigrante que hoy recorren la veintena, son la punta de lanza de un nuevo paisaje social, mucho más variado y diverso. Asoman ya en casi todos los segmentos y sectores de la sociedad y están poniendo patas arriba el concepto de ser español.

No existen datos exactos de cuántos hijos de inmigrantes nacidos en España hay actualmente en nuestro país. Es una cuestión delicada ya que, a todos los efectos, se trata de habitantes españoles: la estadística tendría que realizar una distinción étnica o de origen. Sí sabemos que, hoy y según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), hay en España 4,4 millones de extranjeros censados.

A partir de esto se puede hacer una aproximación: el INE señala que, durante el año 2015, nacieron en España casi 75.000 niños y niñas con al menos un padre extranjero. La inconsistencia de esta cifra es que no recoge los nacimientos de niños de padres inmigrantes con nacionalidad española. En cualquier caso, puede servir para hacernos una idea cuál es número de españoles de origen extranjero que nacen cada año. Y comprobar que la transformación de la sociedad española es un hecho.

“La identidad no es un tótem inamovible. Va cambiando, se va adaptando. Pasa por distintas etapas”. Lo explica la socióloga Rosa Aparicio, coautora del estudio junto con Alejandro Portes.

Leer aquí el reportaje completo

Arbitrariedad en las políticas de protección de menores

15 Sep

Después de la tormenta mediática desatada en los medios españoles donde unos padres de acogida pre-adoptiva, fueron obligados a entregar al niño que habían cuidado desde los 18 meses hasta los 4  años, quienes se negaban a acatar dicha resolución, apelando que la madre biológica y su “entorno desestructurado”  no era apto para criar a un niño.  Y que Juan era suyo.

Ha corrido ríos de tinta en tan solo días desde que estos padres de acogida, salieran en los medios montándose un show monumental, para que quede constancia de que se les arrebataban a quien consideraban su caramelito. Mientras la madre biológica mantenía una serenidad firme aguantando, las lluvias de injurias, críticas y acusaciones a su honor, una muchacha joven de origen de Guinea Ecuatorial de 19 años llamada María José Abeng, quien ha sufrido la desgracia de haber caído en manos de servicios sociales desde los 11 años, que a su vez a los 14 se quedó embarazada cuando aún seguía bajo la protección de dicho organismo. Que luego le quita a su hijo por no considerarla madura, para atender a su pequeño vástago, sin considerar la familia biológica inmediata.

Hace años conocí a una madre de origen Paraguayo, quien me dijo que servicios sociales le quitó a su pequeño hijo, cuando esta iba a perder ayuda económica, ya que mal vivía en un piso compartido, le dijeron que era la mejor decisión y que si ella reunía las condiciones podría volver a tenerlo, lejos de la verdad en menos de tres años el niño estaba en pre adopción en una familia de acogida, la madre sollozando me dijo que se veía obligada a firmar la renuncia por que nunca obtendría  una vivienda digna que le exigían.

Desde mi condición de inmigrante, me pregunto: ¿a cuantas madres inmigrantes se les quita sus hijos por no tener recursos o simplemente creen que no tienen habilidades parentales, por tener costumbres distintas?

Comparto las noticias más relevantes sobre el caso:

La madre del niño acogido en Sueca: “No me quitaron a mi hijo por tener mala vida. Me lo arrebataron”
Carta abierta del padre preadoptivo que tuvo que devolver a la madre biológica a su hijo de cuatro años
«Me llamo Juan, voy a Asturias con mi madre y tengo un coche de policía»

El desarraigo en la inmigración

7 Sep

Resultado de imagen de niño inmigrante

En miles de hogares latinoamericanos, donde la madre es el pilar del hogar, frente al desentendimiento de la mayoría de los hombres a sus responsabilidades, hace que ellas lo sean todo, y si ellas faltan en el hogar este se desmorona.

Manuelito hijito lindo despierta, mama se va para Europa a trabajar y poder comprarte zapatillas nuevas, mochilita, ropita, (solloza) te quiero mucho hijito lindo, obedece a tu abuelita, a tus tíos.. le lleno de besos entre lágrimas y se fue.

Manuel se queda asustado, sentado en su cama,  con un fuerte dolor en el pecho,  algo se rompía por dentro pero no sabía lo que pasaba, -mama se va con unas maletas grandes, mama se va!! Es lo único que sabía… con el pasar de los meses la dulzura del trato de la abuela se iban convirtiendo en gritos, jaloneos, bofetones; Manuelito no quería obedecer, ni hacer sus deberes, en la escuela las llamadas de atención eran constantes, no tomaba atención, no hacía las tareas, se peleaba con sus compañeritos…

El niño sufría pero nadie lo toma en cuenta, solo veían un niño rebelde a sus 6 añitos, la madre no lo tenía fácil tampoco, deambula de cuarto en cuarto de compatriotas afincados en Barcelona, quienes le van consiguiendo alguito para poder cubrir el coste de la habitación que compartía, el padre de Manuelito Fermín, había desaparecido desde el nacimiento del niño, quien solo volvió cuando el niño tenía 3 años llevándole una bolsa de pañales y leche, la madre le reprocho por su ausencia durante tantos años, pero este no tenía pensado hacerse cargo de nada, y volvió a desaparecer. Pero al enterarse que Daniela estaba en España pensó que era una buena oportunidad para que ella le mandara dinero a cuenta de mantener al niño. Y así fue, de un día para el otro, apareció en casa de la abuela, le dijo que él era el padre y era quien debería cuidarlo, la abuela no quiso soltarlo, entonces Fermín le amenazó con denunciarla con el cargo de secuestro ya que el niño era suyo y llevaba su apellido.

Manuelito en menos de un año sufre otro cambio, se va a vivir con su padre, un hombre gritón, borracho, fiestero, que a veces se pone violento, -¡Levántate! concha su mare, corre a comprarme otra chela rapidito, hoy estoy contento.. Por fin tu madre ha mandado plata. El niño sale  corriendo, con 5 soles en la mano, cuando la señora de la bodega le pregunta para quien era esa botella, el niño responde que para su padre.. La mujer se fija en el niño, sucio, mal nutrido, y despeinado, se dice a sí misma, pobre criaturita.

Los años se vinieron encima con mucha prisa para la madre, y lento para el hijo, el niño cumplía 18 años, y a sus espaldas llevaba la dura carga de haber vivido en diferentes casas como si fuera un apestado, la madre por fin pudo reagruparlo para traérselo consigo a España, preparo su habitación, con sus ropas nuevas, sus zapatos nuevos, etc. Ella se imaginaba un niño fácil, dócil, simple que obedeciera en todo.. Pero se encontró un joven desconfiado, frio, distante y con la mirada apagada…  ella también había cambiado, tenía el pelo teñido de rubio y las uñas largas, un nuevo marido y un hijo pequeño al que tenía que llamarle hermano.