Cuidar los hijos de otras (el documental)

30 Sep

 

Un documental que tanta falta hacia tener en este blog, cuántas veces hemos hecho símiles sobre las dificultades que padecen  los niños de adopción internacional como los hijos de inmigrantes a los que han dejado en sus países de origen para buscar una nueva oportunidad. Compartiendo el sentimiento de abandono, la disociación, los cambios,  la adaptabilidad, entre otras cosas. Diferenciando la herida primaria y otras situaciones que solo la adopción presenta.

Cuando tenía 14 años, la cineasta francesa Vanessa Rousselot vino a España con un programa de intercambio y vivió con una familia sevillana. En aquella casa, trabajaba una mujer peruana de 20 años “interna” que cuidaba a los niños y limpiaba. Tenía además una hija de un año que vivía en su país. A Rousselot le chocó aquel régimen laboral porque en Francia no era muy normal. “Me hubiera gustado hacerle muchas preguntas a aquella mujer, pero no me atreví”, explica Rousselot desde Biarritz, donde exhibe esta semana su documental, En otra casa.

Años más tarde, Rousselot trabajaba en América Latina con Yann Arthus-Bertrand, el artista que fotografía el mundo desde el aire, cuando conoció al hijo de una interna, que también criaba hijos ajenos en España. El chico abandonó la escuela al irse su madre y solo diez años más tarde logró enderezar su vida. “Me di cuenta de que era un tema sobre el que había muchas cosas que decir”.

Esas cosas las dicen las protagonistas del documental de Rousselot, una coproducción franco-española de las productoras Catorce y La Huit que se estrena este fin de semana en el Matadero de Madrid y que ya se ha proyectado en festivales en América Latina y en Francia. Son empleadas de hogar, que suplantan en su día a día a madres biológicas en España y que a su vez son suplantadas en sus países de origen. Mujeres que tejen cariños y afectos aquí y en la otra orilla y que a menudo acaban envueltas en una maraña emocional desquiciante.

Ni buenos ni malos

Así contado, En otra casa podría parecer un documental de denuncia, pero no lo es. No hay moralina, ni buenos ni malos. Hay madres, mujeres, personas adultas, que idean estrategias mentales para sobrevivir a desafíos emocionales monumentales. “Heroínas”, como las llama Rousselot, que permiten a la creadora meter la cámara hasta las cocinas y los salones en los que trabajan. “Mi tema no son las condiciones de trabajo. He querido explorar su mundo interior”.

Cuatro años —búsqueda de financiación incluida— ha tardado Rousselot en ponerlo en pie. Recorrió primero las asociaciones de ecuatorianos, peruanos y otras comunidades latinoamericanas, pero nadie quería contar su historia. Un día cayó en una parroquia que frecuentan paraguayas. Allí pasó un domingo sí, otro no durante dos años. Allí se fue ganando la confianza de sus protagonistas. Y allí es donde transcurre una de las secuencias más emocionantes de la película. Cuando un domingo, con la iglesia abarrotada de mujeres, el cura recupera en el sermón confesiones de las trabajadoras. Como la de una que se enteró de que el dinero que enviaba lo gastaba su marido con otra. O como cuando la hija de 15 años de otra le contó por Skype que estaba embarazada. O la de la que “la señora de la casa” humilla y acaba por derrumbarse.

Seguir Leyendo aqui: El Pais

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