Archive | enero, 2017

LAS REMESAS FAMILIARES

29 Ene

Resultado de imagen de dinero

El fenómeno de las remesas familiares —es decir, los flujos de recursos financieros que muchos inmigrantes que viven en el extranjero, envían a sus familiares en sus países de origen. Son en su mayoría realizadas por mujeres madres de familia para cubrir las necesidades de sus hijos a quienes dejaron bajo los cuidados de los abuelos o familiares extensos. Estos recursos se convierten de inmediato en consumo, ya que deben cubrir necesidades vitales para su subsistencia.

Pero que sucede si estas remesas se extienden en el tiempo, y los hijos crecen sin la compañía de sus padres, terminan convirtiéndose en una mera moneda de cambio. Los padres “disimulan” su ausencia con la satisfacción de casi todos los deseos materiales de sus hijos. Estos niños que se quedan bajo el cuidado de algún familiar, que en su mayoría muestran un notable interés por recibir las opulentas remesas, más que por dar un poco de afecto a los pequeños a su cargo. Es entonces complicado para el niño ver a esta persona (aunque sea temporalmente) como una figura paterna o materna.

CUANTAS PERSONAS SE BENEFICIAN DE LAS REMESAS

No solo el núcleo familiar inmediato es el que se beneficia de las remesas, incluso se llega a extenderse a familiares (hermanos y primos, etc.) quienes llegan a sacar partido del dinero que llega del extranjero, acostumbrándose a contar con ese apoyo económico como si fuera obligación del que lo envía. Desatándose verdaderas peleas familiares. Muchas veces se ve al pariente que vive en el extranjero como un mero cajero automático, al que se le pide y pide sin parar… casi nunca se ponen a pensar que tanto tienen que renunciar ese familiar para poder cumplir con las demandas, ni siquiera se imaginan que viven hacinados en pisos pateras u otras modalidades con tal de ahorrar.

COMO AYUDAR

La mejor manera, es financiar directamente al centro de estudios, escuela, universidad, etc. o con la compra del equipo necesario para el desarrollo de una emprendeduría. Siempre se dice que “es mejor enseñarles a pescar que darle el pescado” ayudando a que terminen sus estudios o promoviendo pequeños negocios familiares, pidiendo rendiciones de cuentas de los gastos efectuados, recordándoles la importancia de saber usar ese dinero, que no cae del cielo.

La información registrada en el Anuario de Migración y Remesas refleja que en el 2014 los países en vías de desarrollo reciben 73% de las remesas mundiales, mientras que los países desarrollados son la fuente del 87% de los envíos.

REMESAS EN EL MUNDO ADOPTIVO

Muchos hijos de adopción internacional, al regresar a sus países de origen y ver en primera persona las verdaderas calamidades de la miseria y la pobreza, sienten el peso de “sentirse afortunados” ya que para los familiares biológicos, estos hermanos o primos que se fueron, han sido afortunados por haberse criado con familias adineradas extranjeras, obteniendo oportunidades que nunca hubieran conseguido de quedarse ahí como ellos. Con lo cual se minimiza la perdida que el adulto adoptado, sin reconocer el dolor que han tenido que lidiar durante toda su vida en la búsqueda de sus orígenes. Y cuando este se plantea la ayuda económica como una actuación inmediata a la necesidad de sus familiares, también suelen convertirse en meros cajeros automáticos… al igual que muchos inmigrantes.

Informacion obtenida en Opinion y El Economista

El sueño europeo de los padres inmigrantes se convierte en pesadilla de los hijos

28 Ene

Una realidad que tantos niños y adolesentes padecen, cuando los padres deciden inmigrar pensando que lo hacen por el bien de sus hijos, cansados de la miseria y pobreza que los azota, emprenden un sueño que muchas veces se convierte en la pesadilla de los hijos.

Pocos son los hijos de migrantes que logran adaptarse al país en el que sus padres emprenden un nuevo rumbo laboral y se ven obligados a retornar a Bolivia.

La migración de uno o los dos padres de familia al exterior tiene consecuencias negativas para la salud emocional y física de sus hijos menores de edad, que ante la ausencia de una figura paterna o materna abandonan la escuela o, en el peor de los casos, se dedican a delinquir.

Enrique, un adolescente de 16 años, se integró a una pandilla para atracar junto con sus amigos, mientras que Sandra, de 15, dejó la escuela porque sus progenitores habían viajado al exterior, su padre a Estados Unidos y su madre a España.

Pese a que la intención de los progenitores es mejorar las condiciones económicas de su familia, el psicólogo Marco Antonio Tapia afirma que “de ninguna manera los obsequios” sustituyen a un padre. Es más, el exceso de los mismos propicia que los jóvenes “sientan que lo tienen todo”.

Aunque la solución a este dilema parece ser el traslado de los pequeños al país en el que radican sus progenitores, muchas veces esto resulta más perjudicial porque las intensas jornadas laborales que tienen los padres no les permiten estar junto a sus hijos y terminan perdiendo su custodia.

A raíz de la globalización económica, a partir del segundo milenio, el fenómeno de la migración azotó a Bolivia, dejando más que “jugosas” remesas mensuales y aportes de hasta un 10 por ciento al Producto Interno Bruto (PIB), hijos desvalidos.

UNA ILUSIÓN

Cada vez que la madre de Andrés y Adriana se refería a Italia, donde radica desde hace casi una década, abundaban los elogios: “allá son muy limpios”, “la gente es amable” y, lo más importante, “están muy desarrollados, no como en Bolivia”. Su concepto sobre este país, más la urgencia de reencontrarse con sus dos hijos, influyó para que decidiera llevarlos a su lado.

Andrés, de 16 años, recuerda que, al principio, tanto a él como su hermana Adriana, de 13, les emocionó la idea de irse, pero empezaron a dudar cuando les tocó despedirse de la única persona que les dio amor mientras su madre estaba ausente, su abuelita.

Una vez que abordaron el avión, una azafata que cobró a la madre de Andrés y Adriana más de mil dólares adicionales al precio de los boletos aéreos de sus hijos (cada uno valía aproximadamente 1.500 dólares), acompañó a los menores de edad durante su viaje. Cuando ambos llegaron a su destino, al aeropuerto internacional de Fiumicino (Roma), ambos derramaron lágrimas. “El reencuentro fue muy triste. Por fin había llegado el ‘y vivieron felices para siempre’ que tanto esperábamos”, comentó Andrés.

La madre trasladó a sus hijos en un auto propio a su departamento, también propio, que adquirió con el dinero que juntó durante años de sacrificadas jornadas laborales en Roma y con el monto de un préstamo bancario que, entre otras cosas, la conminaba a permanecer en ese país unos 15 años más. Pero, ¿qué más daba si sus hijos ya habían tomado la decisión de vivir en Italia? ¿Acaso no era correcto darles ciertas comodidades?

IGUAL O PEOR

Al principio, la madre, que lamentablemente no trabajaba en “horario de oficina”, se reunía con sus hijos solo en el almuerzo. Desayunar o cenar con ellos le era imposible porque salía muy temprano y llegaba al amanecer. Andrés cuenta que casi siempre se acostaban con la preocupación de que algo le había sucedido.

En medio de los períodos de merienda, Andrés y Adriana literalmente no hacían nada, ya que en su condición de indocumentados su asistencia al colegio estaba restringida y salir solos por la ciudad “daba miedo”.

Los únicos días, en los que la monotonía no los invadía eran, con suerte, los sábados y domingos, aunque habitualmente solo era uno de ellos. Entonces, los hermanos planeaban una serie de actividades para conocer Roma con su mamá.

No obstante, con el paso de los meses, “los paseos eran incómodos porque la gente choquita, de ojos claros y alta nos miraba raro”. Además, el cansancio de su madre era evidente, así que preferían dejarla dormir durante los únicos días en los que ella no limpiaba el pañal a la anciana para la que trabajaba.

La situación se agudizó más, según Andrés, cuando él y su hermana sintieron que su madre descargaba el estrés que le generaba el trabajo contra ellos. “Entonces le dijimos que queríamos volvernos”.

Su madre se echó a llorar ante la impotencia de no poder retenerlos y les prometió que volvería a Bolivia una vez que pague su deuda, para darles más tiempo que comodidades.

NUEVA MAMÁ

En contraposición a aquellos hijos de migrantes que pueden decidir si acompañan o no a sus padres al exterior, ya que su edad les permite tener capacidad de juicio ante lo bueno y lo malo, están aquellos menores que sí o sí se tienen que adaptar a tierras foráneas.

Esta situación la vivió Kathy, una joven que poco después de concebir a su hija Lupe recibió una llamada de su esposo Alfredo (quien apenas se había ido a Alicante, España, hace tres meses). “Me dijo que me tenía que ir urgente allá porque había un puesto para trabajar como empleada”, recuerda Kathy.

Lamentablemente sus deudas y el poco dinero que había reunido su esposo le impidió irse con su hija.

La bebé se quedó con la cuñada de Kathy durante más de un año, tiempo en el que la pequeña asumió que ella era su madre. Es más, la primera vez que Lupe pronunció la palabra “mamá”, lo hizo mirando a los ojos de la cuñada de Kathy. El vínculo entre ambas era igual o más fuerte que el que une a una madre y su hija.

Hasta que llegó el día en el que Kathy reunió el dinero para que su cuñada le envíe a su bebé hasta Alicante. Lupe se la pasó llorando durante todo el viaje, según contó la azafata a Kathy y la situación empeoró cuando se reencontró con su madre verdadera, a quien no reconoció.

El amartelo de la pequeña duró casi un mes, sin embargo, pese a sus penas, esta familia no consideró retornar a Bolivia porque aún no habían reunido la cantidad suficiente de dinero.

Artículo obtenido en Opinión

“Reencuentro de hijos Quechuas con sus raíces”

11 Ene

Marcos Lukaña: “Saluda en quechua a los asistentes, mi nombre es Marcos, mi madre peruana es de Marcapata (Cusco) naci en Lima, y a los tres días fui dado en adopción, mis padres gringos vinieron a buscarme hasta el Perú.

Emilio Sulca: “Mi sangre es peruana, mi papa es de Lima, mi mamá de Ayacucho, pero siempre estoy luchando con este sentimiento, mis costumbres son europeas, mis pensamientos holandeses, pero mi sangre es peruana y siempre estoy buscando a mi identidad y a veces es complicado”

Marcos lleva muchos años viajando al Perú, pero en su último viaje ha vivido cerca de un año para completar su identidad cultural. Ambos, hace unos años han encontrado a sus familias biológicas y ya han cerrado esa etapa de sus historias, pero la lucha de la identidad cultural aun sigue abierta..