Historias de carretera (el rechazo)

11 Nov

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Veníamos de camino a casa, en el coche charlando amenamente con mis hijos, y de fondo de música, nos acompañaba como siempre  mi viejo CD “The Cranberries”. Cuando les dije que ese CD llevaba conmigo casi 20 años desde el Perú. Mi hijo mayor tomo más atención a la conversación por esa curiosidad. Y más cuando le dije y que me lo regaló un pretendiente en aquellos años.  Es entonces que me pregunto, ¿Qué es lo que había pasado con ese pretendiente? -le conté que no le había aceptado, porque aún estaba pasando por un duelo, de una ruptura anterior y que andaba como los picaflores. Y que no me atraía lo suficiente para aventurarme en otra historia de amor. Pero, que era un buen chico, con el que entable una bonita amistad; añadí diciéndole que Richard (así se llamaba) era adoptado.

De inmediato G giró la cabeza, de estar relajado mirando por la ventana, y con una mirada de incredulidad y asombro me preguntó – ¿Cómo… lo rechazaste? ¿Sabes que el rechazo es, a lo que más tememos los adoptados? ¿Cómo se lo tomó? ¿Por qué lo hiciste?

Le conté, que en eso momentos yo no tenía ni idea, ni sabía lo difícil que era para los adoptados, entablar una relación cercana con otra persona, hablar abiertamente de sus sentimientos. Lo que ahora con el paso de los años y el hecho de ser madre adoptiva, tengo muy en cuenta. Y que también le había dado unas cuantas vueltas a su historia, en estos últimos tiempos.

Richard, fue adoptado siendo aún bebe desde Irlanda, por una pareja de inmigrantes europeos en los EEUU, su madre era de origen Italiano y el padre Irlandés, y  que él era un uno de los tantos niños de los orfanatos, de aquella época convulsa, en el que el IRA (grupo terrorista) acampaba a sus anchas. No era el único hijo de la pareja, tenía otro hermano de origen asiático (si mal no recuerdo), que andaba metido en las drogas o algo así. Y que él fue un hijo muy obediente, que había terminado una carrera universitaria, y que se estaba dando un año sabático, viajando por el mundo. Ya que había sido muchos años de gran esfuerzo y de ahorros constantes, con trabajos extras fuera de las horas de estudio.

Decidió hacer un stop en Arequipa mi ciudad natal, por unos meses y así vivir en una cultura, que le había atraído en ese momento. Era un viajero muy peculiar, para lo que yo había visto hasta ese entonces. Llevaba consigo solo una mochila pequeña con un pantalón, una camisa, un par de calcetines, y dos calzoncillos, lo justo para no quedarse más tiempo de lo debido. Alquilo un apartamento muy acogedor en Yanahuara, cocinaba muy bien la pasta, y  siempre me esperaba a la salida de clases, apoyado en un poste cerca a la puerta de la escuela de idiomas, donde yo asistía por las noches; con mi spanglish y su interés de aprender el español, nos íbamos conociendo poco a poco. Pero yo no estuve preparada para una relación, entonces el esperó, y se cansó de esperar, luego se fue.

Mi hijo quedo en silencio, en lo poco que quedaba de viaje, se volvió a perder entre sus pensamientos mirando por la ventada, luego me pregunto, si me gustaría volver a encontrarlo algún día, saber que pasó con él, si había conseguido una pareja que le entendiera y acompañara. –Pues sí, me gustaría saber que paso con Richard – concluí.

 

 

 

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