Archivo | febrero, 2018

Cuando lo ABERRANTE se convierte en lo NORMAL

23 Feb

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-Solo tenía 8 años, cuando comenzaste con esas cosas. -replico Lucrecia con una voz tímida e intermitente.

-¡No! Tenías 12 años,  ya eras toda una mujercita. Sentenció Joaquín.

Los hijos de ambos, se miraban entre sí, atónitos, como queriendo comprender la extraña conversación que mantenían sus ancianos padres. Tenían ante sus ojos a un violador y su víctima, pero a la vez se trataba de sus padres; el hombre al que aprendieron a respetar a la antigua, con látigo y carajos. Y una asustadiza madre, que cerraba sus ojos ante los golpes que les propinaba su marido, a ella y a sus hijos.

Lucrecia tuvo que casarse con su depredador, siendo casi una niña, con solo 15 años, porque este la había embarazado. Se la llevó consigo de la casa de Herminia, mujer con la que convivía y tuvo otros dos hijos. Herminia, se sintió traicionada por aquella hija, a la que llamó durante años, “roba maridos”. Lucrecia quedó en un profundo aislamiento familiar, durante varios años, mientras tanto llegaban los hijos uno tras otro cada año.

Uno de los hijos mayores de Lucrecia. Sintió que era el momento de hablar, el momento de soltarlo todo, todo aquello que tanto le pesaba:

-Cuando tenía 8 años, Rubén me llevo a la trastienda de abarrotes, me tapo la boca con fuerza y me bajo los pantalones…. (Sollozos) .. Yo no sabía que me hacía, solo tenía miedo y dolor…  –Rubén era medio hermano mayor, de Fernando.

Joaquín el patriarca, mantenía la cabeza gacha, era muy viejo para salir de manera prepotente, como siempre lo hacía. Cuando este no quería escuchar los reclamos de sus hijos.  Esta vez eran las hijas las que flanqueaban la puerta.

Maria, la hija mediana, no pudo contener el llanto al escuchar a su hermano mayor, se ahogaba entre suspiro y suspiro, y con una voz etrecortada comenzó a contarlo todo. Dijo que ella también había sido violada en repetidas ocasiones.

Entre las idas y venidas de las más terribles historias, que doña Lucrecia escuchaba, sentía que sus manos se adormecían y su estómago se hacía un nudo muy grande,  tuvo en acogida varias temporadas a sus medios hermanos, cuando eran adolescentes. Lo que no sabía, es que se estaba repitiendo el patrón del patriarca.

Los hijos de doña Lucrecia y Joaquín, comenzaron a hablar de los diversos sucesos de sus infancias, a raíz de que una de las nueras (madre de uno de los nietos mayores), hablara de los abusos sexuales que su hijo sufriera, por parte de otro pariente. Es entonces que los trapos sucios comenzaron a salir de los escondites, como si de ratas pestilentes se tratara, dejando el hedor por todos los lados, de aquella casa vieja. Todo parecía tener sentido, comenzaron a encajar en sus cabezas, historias medio contadas, imágenes borrosas, miedos y silencios profundos… Era el momento de liberar, de escupir, de vomitar, era el momento de CONTARLO TODO.

Autora: EIP

#PerúPaísDeVioladores

 

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