Archivo | agosto, 2019

ABRIENDO LA ADOPCIÓN

29 Ago

Resultado de imagen de de vuelta al nido + pajaritos

El miedo, el bendito miedo a perderles, nos paralizan como padres adoptivos, a poder abrir la adopción y dejarles volar como golondrinas a sus nidos, esos nidos que en muchos casos quedaron vacíos, olvidados y destruidos, dejando una herida profunda en ellos y en aquellas mujeres/ familias, que por diversas razones tuvieron que renunciar a sus polluelos.

¿Quién soy yo, para evitarlo? ¿En qué me convertiría, si hacía caso omiso a su trinar?

La adopción, en si nos convierte en apropiadores a los padres adoptivos; porque cambiamos nombres, lugares de nacimiento, entornos, modos de vida, costumbres, idiomas. Todo en nombre del bien, ese bien de que “los queremos proteger de la segregación”, como es el caso de adopción transracial, no queremos que se vean como inmigrantes, incluso yo misma como inmigrante, temía el bendito menosprecio de la sociedad española hacia mis hijos, que mejor que intentar protegerlos (despellejándolos de sus esencias).

Cuando me di cuenta, que hiciera lo que hiciera, el trinaría cada vez mas alto, el me reclamaría por su historia, por saberse quien era, el me pediría conocer a su madre, el deseaba oírla, entender el porqué de las cosas, y como no, también amarla tal cual. Por que el amor está ahí intacto y no se olvida por cambiar de brazos.

Hace dos años mi estomago se hacia nudos, mi conciencia me atormentaba, quien era yo para alargarlo, para excusarme que aún era pequeño, que era un niño. Mientras tanto el maduraba a tropezones, para demostrarnos capacidad, claridad y entendimiento. Quería verla, quería escucharla, y así después de dos luchas, se dio la oportunidad y se abrió la adopción, que con sus luces y sus sombras, hoy por hoy le llena en plenitud, ahora lo entiende, lo comprende, se sabe parte de algo. Que poco a poco lo va procesando, porque abrir la adopción no significa que todo acabo, y luego es un camino de rosas, hay tanto por trabajar aun, son tantos trastos rotos que hay que ir recogiendo uno a uno, e intentar reconstruirlo, pero aun así hay cosas que no hay vuelta atrás. Es un camino que doy gracias a Dios, que él me haya elegido para ser su compañera de luchas, su Sancho panza.

Volviendo de su segundo encuentro biológico…