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¿Racismo en el mundo transracial adoptivo?

25 Mar

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Hace tiempo que quería escribir sobre este tema “El Racismo en el mundo transracial adoptivo en España”, después de haber discutido hasta el cansancio en foros, charlas, encuentros, coloquios, incluso haber leído noticias en los medios de comunicación, donde padres blancos alzan su voz, para que la sociedad española sea consciente del racismo y el micro racismo que sus hijos (no blancos) sufren día a día en las escuelas, y fuera de ellas. No deja de asombrarme que este frente contra el racismo, no se tome en cuenta su referente más cercano que es “LA INMIGRACIÓN”.

Parece ser que muchos padres de este colectivo, no desea que sus hijos sean confundidos con los hijos de inmigrantes, ya que “No son lo mismo” ¿Clasismo? ¿Xenofobia? Racismo!!!  No lo se… Pero está claro que muchos no quieren que se les junten en el mismo saco, he sido testigo en un par de coloquios donde madres adoptivas decían que los peinaban así o los vestían asá para que sus retoños no parezcan inmigrantes, que si no encontraban referentes decentes, porque los negros que conocían recogían fruta o buscaban en la basura, que si solo conocían señoras de la limpieza sudamericanas. Si realmente quieren hacer una lucha contra el racismo tienen que mirarse dentro de casa, el cómo se expresan hacia aquellos que se les parecen a sus hijos.

En las últimas charlas a la que he asistido sobre racismo e identidad en el mundo adoptivo transracial, un porcentaje alto de profesionales que las dan son blancos (80%), un par de adoptadas adultas transraciales, pero  solo una vez asistí a un coloquio donde dos jóvenes inmigrantes explicaban sus experiencias; los dos llegaron a España menores de edad, los dos vivieron en centros de acogida, los dos tuvieron que “adaptarse” y vencer barreras  como los estereotipos al que ya estaban encasillados.

Creo que hay mucho por trabajar aun dentro de las propias familias, mirar con una óptica distinta, donde la inmigración también puede aportar en el mundo transracial adoptivo.

Es por tu bien hijita

27 Dic

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Luciana, caminaba de prisa y sin descanso con su guagua a espaldas, envuelta en una lliclla medio amarillenta de tejidos viejos y roídos, su calzado eran unas simples ojotas de jebe negro, que dejaban al descubierto parte de sus pies cuarteados por el frio, enmarcados  por unas voluptuosas polleras de colores apagados que mostraban la sencillez de su vida en el campo. Sus patrones eran unos “mistis yurak-runas”, gente mestiza de piel blanca, quienes le hicieron una propuesta para que entregara a su pequeña hija a una de sus hermanas soltera, ya que ella podía criarla y darle estudios para una vida mejor. Luciana en su ignorancia y la miseria aceptó dicho ofrecimiento ya que se veía sola a cargo de dos niños a los que mantener.

Pasado los días, Luciana encaminó a Marcabamba, pueblo donde partían los autobuses a la gran capital, por su lado pasaron una hilera de mulas y burros de carga que llevaban las encomiendas de los patrones, mientras Luciana tiraba a pie por el camino con su hija a espaldas. Su mirada a ratos se perdía entre las gélidas montañas, pareciera que hablara con los apus, despidiéndose de su guagua entre sollozos y canticos tristes harawis, mientras la niña dormía sin saber lo que el destino le deparaba.

Manas mamaychu, ni taytay kanchu, pukaypanti pariwana (bis)
(no tienes mama, tampoco papa, flamenco de patas rojas)
Chay runaq wawanta munayni warqan pukaypanti pariwana pukaypanti pariwana (bis)
(su hijo de esta persona me hace llorar flamenco de patas rojas, flamenco de patas rojas)
Ñoqallaymantas sapallaymantas pukaypanti pariwana (bis)
Yo sola, yo misma, flamenco de patas rojas
Kay runaq wawanta munayni warqan pukaypanti pariwana pukaypanti pariwana (bis)
(el hijo de esta persona me hace llorar flamenco de patas rojas, flamenco de patas rojas)

El camino era largo y arduo, Luciana a su joven edad era madre de un niño de 7 años con problemas de sordera, y de una niña de 2 años y medio a la que entregaba a la hermana soltera de su patrón, Mientras los hijos del patrón se acomodaban en los asientos del onmibus que les llevara a la gran capital, Luciana lloraba con tenues gimoteos apretando fuertemente a su hijita contra su pecho:  -huayyyyy huayayaiii huayyyaiii huayayaii. Una de las despedida más dolidas que la pequeña Elena había sido testigo… le cogió de las manos a Luciana y le dijo:  -No llores Lucianacha, No llores.

Quien pudiera consolar a Luciana en esos momentos. ¿Acaso no fueron las flores de kantu quienes vistieron su dolor de rojo intenso?, ¿Acaso no fueron los quinchu pikichus quienes le prometieron traerle noticias con el viento?; sus lágrimas se enjugaron para siempre en el húmedo rocío de esa fría mañana, Luciana entregaba a su guagua, la guagua que luego tanto añorara..

De Colonias y Campamentos

12 Dic

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P. nunca quiso ir de colonias durante la primaria, siempre se ha saltado estas actividades por decisión propia, este de fin de curso (hace 6º de primaria) tienen previsto irse de colonias durante una semana a un pueblo costero.  P. de solo pensarlo se le revuelve el estómago. Lo ha meditado mucho animado por los amigos, con quienes posiblemente no coincidan en el instituto ya que muchos cambiaran de colegio.

¿Qué es lo que le da miedo?

“La separación”

Le dice a su madre que el separarse de su familia le causa un pánico tremendo, que él puede soportar quedarse en casa y esperarles durante un viaje de pareja, como tampoco le da miedo el que se vayan de viaje todos juntos en familia por qué sabe que volverán a casa. Pero eso de irse el solo algún sitio sin su familia, lo supera.

“Tengo miedo de separarme de vosotros, es como volver a separarme de mi primera familia, este tema de la pérdida me angustia, sé que todo viene por la adopción” ¿cómo explicarles esto a mis amigos? 

El estigma del “HIJO MAL AGRADECIDO”

5 Feb

A raíz de los foros de adopción que vengo participando, y por la experiencia cercana, en la que he sido testigo en mi juventud, “el estigma del hijo mal agradecido” ha perseguido mucho mas a los hijos adoptados, que a biológicos. Cuando estos por razones de la vida, dejan de jugar el papel que se les ha asignado, comienzan los reproches a boca llena, o simples insinuaciones que hacen daño. Comentarios perpetrado por terceros, quienes sin saber los pormenores de cada casuística, se atreven a decir: -deberías estar agradecid@ con tus padres, por todo lo que han hecho por ti, ya que sin ellos no hubieras tenido nada. ¿Con que autoridad?

Pero si este tipo de reproches vienen de los propios padres adoptivos, peor aún, porque el auto estima del niño o adolecente queda por los suelos, por el miedo a sufrir un nuevo abandono, por perder lo único que ha conocido como familia, en muchos de los casos solo atinan a bajar la cabeza, mientras otros se convierten en verdaderas bombas de relojería.

Estos chicos en la actualidad, han despertado, han madurado, han engrosado sus voces, se están haciendo sentir, y nosotros una nueva generación de padres adoptivos, debemos poner atención a lo que dicen, intentar escucharles, por que hay cosas que se repiten.

Esperando una familia

5 Oct

Willmar tenía 11 años cuando atravesamos la puerta de la casa hogar donde vivía junto a sus 6 hermanos de crianza, todos en silencio evitaban cruzarnos las miradas, pero de reojo nos  observaban desde el pasillo, de cómo nos íbamos haciendo con la pequeña Alejita; la madre social les indicaba que se fueran a la escuela porque se les hacía tarde, sin rechistar en silencio comenzaron a salir de uno en uno, como si de una procesión se tratara… Willmar el más avezado nos saludó con un apretón de manos, ya que ese día se quedaba en casa, no pudo ir a la escuela durante un tiempo, porque había sufrido una crisis de ansiedad, que lo había llevado hasta el psiquiatra; hacía años que la abuela materna le había prometido que lo visitaría para llevárselo consigo por navidad, pero ese día nunca llegaría, sus tíos maternos con una situación económica resuelta, tampoco quisieron hacerse cargo del niño, quien crecía en una institución desde los 4 años, no pudo ser adoptado a pesar de la retirada de la custodia de la madre, la abuela no  quiso dejar que su nieto viviera con otra familia, pero tampoco se hizo cargo de él.

Pasaron los días  de visitas, en convivencia en la casa hogar donde nuestra pequeña florecita había crecido, haciendo de esta experiencia la más dulce como la más dolorosa que habíamos experimentado, los hermanos mayores de la casa calaron en lo más profundo de nuestros corazones, compartiendo horas de charlas donde ellos mismos nos comentaban que no tenían posibilidades de ser adoptados, porque ninguno tenía la sentencia de abandono por parte del poder judicial, muchos por desidia del propio organismo, casos en el que nadie los había reclamado, pero ya se habían hecho mayores entre cuatro paredes, y los padres adoptivos solo venían a por niños chiquitos, otros porque la propia familia biológica no querían tomar cartas en el asunto, historias tristes cargadas de dolor y desesperanza, hacían que sus miradas fueran cabizbajas y tristes cuando una nueva familia cruzaba por esa puerta.

En el Perú, hay mas de 15.000 niños bajo la protección del estado, casos como el de Willmar, muchos se pasan años soñando tener una familia, otros siendo N/N aun no se les ha dado la sentencia de abandono, y crecen entre cuatro paredes..

autora: EIP

Silencio entre adoptantes

2 Ene

Por Eva Giberti

Durante los primeros años de convivencia con el hijo adoptivo no habían surgido grandes problemas. Alguna tensión en el aprendizaje escolar cuando el niño concurría a la escuela primaria, rápidamente resuelta. La pareja había transcurrido los años posteriores al casamiento “buscando” un bebé, sobrellevando con calma la estupidez de las preguntas meteretas: “Y… ¿para cuándo?”, de acuerdo con la imprescindible necesidad de alguna gente que no puede disimular su curiosidad por lo que sucede en la intimidad de una pareja. E interroga acerca de lo que debería callar. Si alguien supone que se trata de una pregunta interesada por la descendencia de esa pareja, se equivoca: son personas que necesitan mortificar a terceros.

Recurrieron a las técnicas actuales para lograr un resultado fecundante pero, al fracasar la estrategia, la adopción ocupó su lugar de la composición familiar. Los primeros en oponerse, como sucede a menudo, fueron los abuelos. Por aquella cuestión del linaje. Una adopción interrumpe la consanguinidad, que para algunas personas puede resultar muy importante cuando se funda una familia.

Con frecuencia los abuelos se convierten en opositores cruciales con el argumento mayor: “No se sabe de dónde viene… qué herencia podrá traer…”, interrogantes que a quienes esperan adoptar interesan relativamente. Pretenden compaginar una familia con un hijo y lo demás es secundario.

En cambio no es secundario, pero con frecuencia y arriesgando una equivocación que se posterga, dilucidar “de quién es la responsabilidad por la infertilidad, por causa del varón o de la mujer”. Ese capítulo, una vez que los análisis hayan sido lo suficientemente claros –lo que no siempre sucede– parecería que dejase de interesar o de importar. Todos los esfuerzos se dirigen a adoptar una criatura postergando el diálogo acerca de la infertilidad. En realidad cancelándolo. Es lo que se supone.

Es un diálogo que se mantiene pulsante si no se trabaja con el tema mediante las conversaciones técnicas pertinentes. Porque el pensamiento de la mujer fértil con un compañero infértil o estéril es: “Si yo me hubiese casado con otro, seguramente tendría un hijo de la panza…”.

Por su parte, el varón, ante la mujer que no puede engendrar, deja abierta como posible la fantasía de engendrar con otra mujer, al margen de su pareja. También piensa: “Con otra mujer hubiese tenido un chico propio y no adoptado”.

Estos contenidos que pueden acompañar a las parejas durante los trámites de la adopción quedan sumergidos, reprimidos, inhibidos, postergados porque la causa común ahora es “conseguir un niño para adoptar”. Y en esa decisión se manejan todas las alternativas y todas las esperanzas.

Transcurren los años y cada pareja resuelve aquellas dudas y malestares del mejor modo para su equilibrio familiar. No porque hayan desaparecido, sino porque no es operativo para el psiquismo, por razones de economía psíquica, agitar temas que no conducirán a ningún cambio.

Pero, el hijo ha crecido y es un adolescente de quince años que cada vez se parece más a alguien que no se sabe quién es. Y por adolescente hace todo aquello que un adolescente ejecuta, amontona y desmorona mientras dure la adolescencia. Etapa vital que suma un plus, ser adoptivo, lo cual lo surte de un argumento mayúsculo para enfrentar a sus padres enrostrándoles, en cualquier discusión: “Ustedes al fin y al cabo no son mis padres”, frase con la que abre hondos tajos en el ánimo de los padres adoptantes si no están entrenados en saber que eso les va a suceder en algún momento y es preciso disponer de la respuesta rápida para ordenar al jovencito.

Entonces tenemos como parte de la familia un hijo muy parecido a sus padres por educación, crianza y costumbres, pero con una clara ajenidad étnica –no necesariamente–, pero que cada día advierte que su descendencia no tendrá cosa alguna que ver con su familia adoptante. Porque el ADN proviene de otro mundo.

No habría razones para que el tema configurase un conflicto, pero es frecuente que estallen los argumentos, las preguntas que se mantenían sumergidas, silenciadas y no obstante impregnadas por los sentimientos de lo que no se habló en aquella oportunidad primera cuando se discutía quién de los dos era aquel o aquella que tenía un impedimento para engendrar.

Lo decía muy claramente una mujer durante su consulta: “Ahora yo tengo un hijo que no se parece en nada a nosotros… Cada día me resulta más extraño y no es que me falte amor. Yo lo quiero como hijo, pero si me hubiera casado con otro hombre no me vería en esta situación, en la que no sé qué pensar cuando me doy cuenta de que yo pude haber engendrado y me privé de ello porque mi marido es estéril…”.

Esta madre continuaba: “Ahora mi hermana está embarazada y va a tener un bebé que será realmente de la familia. Si yo no hubiera introducido a Jorge –su marido– en mi familia, yo también habría tenido un embarazo y no pude. Me frustré el embarazo por amor hacia mi marido…”.

Este monólogo durante una consulta debió “trabajarse” antes de adoptar, en la inmediatez del diagnóstico de esterilidad o infertilidad, mientras se espera obtener una guarda. En ese tiempo toda la libido y la atención se cargan sobre la futura aparición de un hijo y aquello personal queda clausurado, pero con una vía de escape por donde quizá filtre en algún momento.

No siempre sucede de este modo y encontramos a aquellas parejas cuyos miembros no precisan hablar del antiguo tema. Este se puede hacer presente cuando la criatura muestra su adolescencia con respuestas, pareceres y características físicas que, según los abuelos, se deben al otro linaje misterioso que el nieto introdujo en esa familia.

De allí que la pubertad y la adolescencia de los adoptivos, además de sus propias realidades, divertidas, conflictivas y siempre sorprendentes, abre un espacio, el de los “parecidos” que a su vez parecería despertar meditaciones de sus padres adoptantes que los retrotraen a pensamientos y sentimientos que parecían sepultados en el diálogo con la pareja.

He presenciado tales explosiones en consultas aparentemente por las conductas de los hijos adolescentes. Sin embargo, ambos miembros de la pareja estaban hablando de aquellos primeros años cuando el diagnóstico del médico informó la imposibilidad de gestación y “recomendó adoptar” en lugar de sugerir una psicoterapia para ese hombre y esa mujer antes de pensar en incluir una criatura en sus vidas.

La necesidad de psicoterapias en aquellos tiempos reside en dialogar de aquello que “por amor” se calla, para no dañar al miembro infértil o estéril de la pareja. Sin embargo, ese hombre y esa mujer cuentan con su propia familia que no titubea en criticar y/o “responsabilizar” a quien no puede engendrar levantando la polvareda de críticas y sumatoria de riesgos, persecutorios, negativos. Comentarios que se suman a los ya descorazonados miembros de la pareja que no ceden en su deseo de una adopción. Triunfan y adoptan. La atención puesta en la criatura mantiene soterrado un conflicto humano que se desata, o aun sumergido presiona por expresarse en desavenencias de la pareja, y cuando esto sucede durante la pubertad y la adolescencia del hijo adoptivo la consulta surge alrededor de sus comportamientos. No obstante, lo que continúo encontrando es silencios amurallados desde antaño entre ese hombre y esa mujer que no se atrevieron a enfrentarse cuando era preciso hacerlo.

No hubiera retomado este tema, paradigmático de las adopciones, si no escuchara consultas cuyos protagonistas son chicos y chicas adolescentes que no imaginan que las críticas de sus padres no son las que ellos generan, sino la antigua historia que existe entre ellos, que quince años antes no hablaron de lo que les sucedía, renunciando a la propia fecundidad por la esterilidad del otro. Y guardándose “por amor” el secreto de una frustración que cuando se tramita provechosamente permite convivir sin verdades taponadas. Pero que cuando se callan por años, encuentran, mediante la presencia de ese hijo que no se parece a ninguno de ellos, una vía de salida para desencontrarse en la convivencia.

informacion obtenida en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-245791-2014-05-08.html

Solo puedo añadir que esta realidad se apuntan mucho a la cultura sudamericana que aun prima el concepto de linaje, heredado de la época colonial hace mas de 500 años, parece que aún no hemos evolucionado en este aspecto. Ya que aún hay parejas que se rompen cuando uno de los miembros no puede concebir un hijo biológico, generalmente la mentalidad machista no les permite ver la adopción como vía de crecimiento familiar, y si se acepta de manera forzada, arrastrará las taras que nos explica la Dra. Eva Giberti. Por otro lado en países del primer mundo, como es el caso de España son otras las taras que se suceden, una de ellas el de aceptar la cultura de origen de los hijos en caso de las adopciones internacionales, son pocos los padres que realmente se implican en ayudar a sus hijos a encontrar su identidad cultural de origen y participar de ella, ya que no quieren que sean confundidos con inmigrantes, los chicos solo aprenden a ser españoles, creo que hay que trabajar esa doble mentalidad cultural que les aportará y no les restara.

ADOPCION JUDICIAL o ADOPCION REGULAR

13 Sep

Desde hace muchos años la adopción Judicial (Adopción de menores de edad por excepción), ha sido el medio de muchas parejas o madres monoparentales en el Perú, para poder concretar la tenencia del hijo deseado, un país donde la brecha social ha sido una constante tan habitual, que muchas madres de pocos recursos ante la deliberante situación de pensar que es lo mejor para sus recién nacidos vástagos, decidieron entregarlos voluntariamente a conocidos o desconocidos, bajo la presión de la inminente pobreza, pensando que les ira mejor ya que podrán obtener un futuro prometedor.

La figura que se conoce para este tipo de adopciones se llama “Proahijamiento”, donde algunas familias brindan un hogar a un niño cuya madre o padre no volvieron a ver jamás. . Este tipo de situaciones son más recurrentes en las provincias, cuando una muchacha que trabaja en las labores del hogar se embaraza o tiene un hijo que no puede atender lo deja con la familia que le acoge, y este niño crece como un miembro más. En estos casos los padres adoptivos tampoco son acreditados con el certificado de idoneidad.

Pero quienes controlan y velan por la integridad de estos menores?; el ministerio de la mujer cumple con su labor de seguimiento de los casos que les son comunicados, y de los que no, que pasa?, ya que sigue siendo una práctica común en la adopción nacional en el Perú.

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