Archivo | septiembre, 2017

Identidad

25 Sep

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Hace unos días hablaba con otra madre adoptiva, sobre otra familia adoptiva que ella conocía con un hijo sordo de la misma edad que el suyo (6 años). Yo le preguntaba a que asociación pertenecían, está me dijo que los padres no estaban implicados con ninguna, por qué El Niño ya oía por los implantes cocleares que le habían sido puestos.

Cuando hablamos de identidad, nos referimos a ¿cómo nos reconocemos?, ¿que es lo que somos?, ¿que es lo que nos identifica ante el resto?. La identidad también pasa a ser compleja, cuando le sumamos capas; hechos o situaciones que nos alteran en esencia, como por ejemplo el pertenecer a dos o más culturas, a otros colectivos, etc. Pero también está el haber nacido con deficiencias que nos caracterizan, como es la auditiva (sordo).

Soy tia de dos jóvenes sordos, el mayor es sordo medio y la segunda es sorda profunda, cuando mi hermana llego a España con sus hijos en el 2001, tuvo que buscar la orientación de las “asociaciones de padres con hijos sordos”, para tomar decisiones importantes con respecto a cómo los quería educar, ¿Oralistas o signantes? ¿Pero donde estaba la diferencia?; en que los sordos oralistas; eran sordos que hablan desde un trabajo puramente logopédico e iban a escuelas normalizadas sin adaptación necesaria; y los signantes eran sordos que utilizaban la lengua de signos como lengua vehicular, para su comunicación y aprendizaje, e iban a escuelas adaptadas e integradas. muchos de esos niños sordos que conocí en su momento, no tenían implantes cocleares. Y los pocos que sí, unos dejaron de usarla por los dolores de cabeza y molestias que les producía, pero otros sí lo aprovecharon al máximo. Hoy en día los implantes cocleares son mucho más tecnológicos, con lo cual muchos niños sordos han pasado al mundo oyente.

Recuerdo a mi sobrina con 13 años discutir con su padre sobre su aceptación de que ella “era sorda y punto” de que le aceptara así tal como ella era.. y no intentarán modificarla Ni con implantes cocleares, Ni con más logopedia, para que ella hablara como los oyentes. En el caminar de mi hermana en el mundo de los sordos, encontramos de todo, padres que no querían por nada del mundo qué sus hijos lo fueran ni lo parecieran, que se vieran “normales”. Otros que promovían que sus hijos integrarán la comunidad sorda en la que se vieran reflejados, reconociendo la lengua de signos como su lengua materna. Para mi entender era el hecho de reconocer; que el ser sordo formaba parte de su identidad.

Postdata: Mi sobrino mayor estudia mecatronica en la UPC. La niña, hoy jovencita acaba de terminar diseño de interiores, y ya fue contratada por el estudio que le dio las prácticas.

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Te busque durante años (relato real)

22 Sep

Resultado de imagen para abrazo de madre a hijo

Eran las 10 de la mañana y Pedro miraba nervioso, por la ventana del salón del hotel, frotándose sus manitas con ansiedad, convirtiendo sus suspiros infinitos, en hálitos largos y temblorosos… de pronto se detuvo un taxi rojo frente a la puerta, un Toyota viejo y parcheado, del que se bajaron dos mujeres jóvenes de unos 30 años. La primera en bajar, llevaba una falda tubo de lana en color negro, botines oscuros a medio tobillo, el pelo recogido en una sencilla coleta hacia atrás. La segunda llevaba una falda amplia en color granate, botas altas y oscuras, el pelo suelto sujeto por uno de los lados con una hebilla de metal. Ambas estaban ataviadas de sendos abrigos para protegerse del intenso frío de la mañana. Los minutos y los segundos se hicieron largos e interminables, mientras Pedro miraba ensimismado el caminar de una de ellas, hasta el lumbral de la puerta.

A tan solo tres pasos, se encontraron uno frente a otro, “madre e hijo”. El pequeño no dudó en lanzarse a sus brazos, mientras ella lo recibía con mucho temor, no sabiendo cómo corresponderle, intentó buscar en la mirada de la madre adoptiva, su permiso. Esta, con un gesto cómplice y silencio abrió y cerró los brazos, como diciéndole ustedes mismos. Y en ese breve instante, el esperado abrazo se dio con mucha ternura, dolor y miedo. Un abrazo que se hizo esperar más de 11 años, era el rencuentro de una madre y un hijo, que tuvieron que separarse por circunstancias de la vida, cuando este recién la iniciaba.

-“Desde que supe que era adoptado, supe que tenía que encontrarte ¡y no pare!!  aunque los psicólogos me dijeran que no estaba preparado… (Sollozo por un largo rato). ¡Pero mira, aquí estoy!”.

Como madre adoptiva, me pregunto: ¿Cuándo es que empieza esa búsqueda? ¿Es una búsqueda permanente?, ¿Es una búsqueda consciente desde muy pequeños?.. son tantas las preguntas para meditarlas, y así saber cómo ayudarles y no negarles esa necesidad que tanto les apremia.

 

Somos Sangre

15 Sep

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Como en las novelas de Jose Maria Arguedas, Elena recalcaba a su prima Maria –“Somos sangre” quien le miraba con desconcierto por su improvisada visita, después de 37 años. –“Somos sangre”, repetía una y otra vez, a sus parientes indios para que le sintieran más cercana. –“Somos sangre”, era la manera de romper aquellos tabúes de un pueblo que se había divido por raleas, durante siglos. los Mistis (Mestizos blancos) y los runas (indios).

Desde tiempos inmemorables, las relación humanas con la sangre han sido una constante para la perduración de una estirpe o familia; suscitando a lo largo de la historia innumerables guerras de sucesión. En la cultura Incaica, también tuvieron connotaciones similares para perpetuarse en el poder, mientras el pueblo se relacionaba mediante los Ayllus (grupos de familias que vivían en comunidad) sin importar las relaciones consanguíneas aun que se fundamentaban en un antepasado común, primando el origen lingüístico y costumbrista. En la época de la colonia toma importancia la relación de la sangre como un privilegio “el ser blanco de origen español”. En la actualidad en ciudades y pueblos altos andinos del Perú, aún se relacionan por este principio, “somos sangre”, porque compartimos un antepasado común y un apellido español, porque somos parientes aun que no nos parezcamos, una forma de acercarse a aquellos que teníamos lejanos u olvidados.