KATARY

16 Oct

KATARY: Es un corto de trabajo final de Daniel Huaman Florez, William Cavero, Laura Carranza, Abel Jhoset Vega Chappa, Miguel Ángel Cieza, Mariano Quezada Márquez, Miguel Angel del Carpio, Lizeth Zambrano Diaz, Camila Velarde Portugal; dirigido por Miguel Angel del Carpio Chang. Que denuncia el peligro, que cada dia los niños de las islas de los Uros (Titicaca) tienen que pasar para poder llegar a la escuela.
“Pacha y Maya son dos hermanitos que viven en las islas de los uros en el lago Titicaca, parten muy temprano hacia su escuela en unas bateas de plástico por la inmensidad del lago, con el objetivo de llegar a su escuela ubicada en una lejana isla de totora. De regreso a su hogar en medio del camino, son tentados por una leyenda del altiplano que reside en la profundidad del lago, haciendo que caigan en el lago. Maya y Pacha despiertan perdidos en un mundo extraño y lúgubre, Maya protegerá a su hermano y luchara por escapar de regreso a su hogar”.

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12 de Octubre “Nada que Celebrar”

12 Oct

Inmersión cultural (parte I)

6 Oct

La inmersión cultural es un concepto muy usado en la adopción internacional, pero ¿Quiénes verdaderamente puede hacer una inmersión cultural? ¿Que tanto se conoce de las diferentes realidades e idiosincrasias dentro del mismo país?

Pedro y Alejandrina habían vivido fuera de su país toda su vida, y no sabían cómo era la vida en el Perú -¿cómo hubiera sido nuestras vidas, de no haber sido adoptados?- Esa fue una de las preguntas de Pedro a su madre adoptiva. Esta le dio varias opciones de vivencias culturales, y cuando pudieran regresar a su país por vacaciones, darían comienzo a una serie de aventuras llenas de aprendizaje y nuevas experiencias.

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Como se vive en los pueblos de los andes peruanos

Pedro se levantó temprano, sobre las 6 de la mañana. Mientras su hermana dormía aun acurrucada plácidamente en la cama; de manera calmosa comenzó a atarse los zapatos, ponerse el abrigo y el gorro de lana, el que jalaba hasta cubrir bien sus orejas. -Mama ya vuelvo- Le dijo a Elena. La tía Andrea, hacía rato que se había levantado para encender la tullpa (cocina de leña), puesto a hervir el agua en una tetera negra, y las papas medio agusanadas en una olla grande, mientras en otra más pequeña, puso a hervir la leche para el desayuno. Pedro se acercó a la tullpa intentado avivar el fuego, soplando la phukuna (soplador) lo más fuerte que podía, pero aun así, no hacía el efecto que el buscaba… se levantó medio mareado por el esfuerzo de estar en cuclillas y soplar un buen rato, se dirigió a la jaula de los cuyes (conejillos de indias) para ver si estaban bien atendidos. Estos apenas lo miraron, echaron a correr despavoridos.

-¡vaya a buscar más leña! Le dijo la tía Andrea, Pedro giro la cabeza en signo de negativa e hizo como si no hubiera escuchado nada.

Ya era la hora de tomar el desayuno, Aljandrina se había levantado y puesto su chaleco naranja, llevaba los pelos alborotados como los de un chihuanco (avecilla de los andes), ya sentados todos alrededor de la mesita estrecha, esta comenzó a tambalearse poniendo en peligro el único desayuno de la mañana. -Pop, pum, track.. Comenzó a reventar el maíz como una traca de cohetecillos en la Kallana (olla de barro)

-La cancha está lista!

Mientras la pequeña Alejandrina se negaba a tomar la leche, Pedro aprovecho para informarse de cómo ir para ordeñar las vacas. Alistando las apachas (mantas con asas) para la leña, el balde con las sogas y el suero para hacer el queso. Cruzando por el zaguán de la casa, tomó el atajo por el borde del rio, el que les llevaría más rápido al puente grande, y ahí esperarían a su tía, para subir juntos por el camino rocoso, sortearon las fuertes pendientes del camino haciendo descansos en los pocos terraplenes que encontraban, ya que 3600 metros de altura sobre el nivel del mar, era cosa seria. La tía les animaba, diciendo que podían cortar el camino, cruzando la escuela que aún estaba abierta, a pesar de que esta andaba de huelga,  el patio estaba ocupado por niños que no se resignaban a perderse el recreo. Alejandrina se abalanzó sobre un columpio que estaba vacío, y tuvo que soltarlo de inmediato, al ver que su tía y hermano no la esperaban. En poco rato habían llegado a las chacras de la abuela, pero faltaba un esfuercito más.. Aprender a saltar las pircas (muros de piedras arrimadas). Los niños se agarraban de las piedras grandes, que parecían estables y tanteaban las otras antes que estas despeñaran. Alejandrina la más avispada ya había aprendido eludir los peligros, observando lo que la tía hacía; mientras Pedro aun sentado en la pirca contemplaba el pueblo, un pequeño pueblo debajo de una gigantesca roca.

A lo lejos se oían unos tintineos de tijeras a ritmo de los tusoq, eran los estudiantes de la residencia de la escuela, los que perdían el rato haciendo sonar sus tijeras; incluso alguno se atrevía con los pasos de la danza costumbrista. Pedro seguía ensimismado mirando el horizonte, hasta que una voz chillona lo despertó de su fantasía,

-¡Ataja al ternero!, ¡Ataja al ternero!, Shosss… Shoss…

La tía Andrea bajaba corriendo por el camino detrás del becerro escapista, con una rama en la mano, mientras con la otra intentaba tirar piedrecillas para asustarle. Muuhh, Muuhhh bramaban las vacas llamando a sus crías, y ésta en especial apretó el paso. Pedro se lanzó desde la pirca de nuevo al camino, poniéndose al medio con los brazos abiertos, pero el becerro ni caso, paso incluso por su lado.

-¡Ya se nos volvió a escapar la cría, hoy tampoco tendremos leche! –Sentenció Pedro.

Colibríes y abejas, revoleteaban alrededor de las flores de kjantu zrrrrrr.. zrrrrr repasando los arbustos de arriba abajo. Una bandada de loros verdes, surcaban por la copas de los arboles más altos, alborotando al resto de aves que se habían aposentado. Mientras Alejandrina esperaba sentadita bajo un arbusto frondoso, churrupetando la dulce miel de las flores de kjantus, compitiendo con las abejas y colibríes. Racimos de flores yacían en el suelo, mientras sujetaba entre sus manitas un racimo más grande de su dulce botín. Pedro se sumó a tan deliciosa aventura y no dudo de llenar su apacha con todas las flores de kjantu que podía.

-¡Acuchi!, ¡Acuchi!- (vámonos, vámonos) dijo la tía Andrea a los niños, después que esta se asegurara que las crías estuvieran junto a sus madres.

Para llegar al pueblo de Anizo, Pedro y Alejandrina tuvieron que emprender un viaje de más de 20 horas junto a su madre, tomando un autobús de Lima hasta Chalhuanca, cruzando por Galeras Pampa, zona de vicuñas a más de 5000 metros de altura. Y de ahí cambiarían a una pequeña combi por la estrechez del camino, pasando por las punas de Pallancata (zona minera). El paisaje era áspero y seco, de frio intenso por las mañanas. Pero ese pequeño pueblo se encontraba escondido en una escarpada de una quebrada junto al rio, donde el verdor se hacía presente a pesar de la altura. Y se engalanaba en verano con preciosas flores de kjantu. La humildad de sus casas de barro y techos de calamina, mostraban la sencillez de sus pobladores, que vivían de lo que cultivaban y producían.

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Identidad

25 Sep

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Hace unos días hablaba con otra madre adoptiva, sobre otra familia adoptiva que ella conocía con un hijo sordo de la misma edad que el suyo (6 años). Yo le preguntaba a que asociación pertenecían, está me dijo que los padres no estaban implicados con ninguna, por qué El Niño ya oía por los implantes cocleares que le habían sido puestos.

Cuando hablamos de identidad, nos referimos a ¿cómo nos reconocemos?, ¿que es lo que somos?, ¿que es lo que nos identifica ante el resto?. La identidad también pasa a ser compleja, cuando le sumamos capas; hechos o situaciones que nos alteran en esencia, como por ejemplo el pertenecer a dos o más culturas, a otros colectivos, etc. Pero también está el haber nacido con deficiencias que nos caracterizan, como es la auditiva (sordo).

Soy tia de dos jóvenes sordos, el mayor es sordo medio y la segunda es sorda profunda, cuando mi hermana llego a España con sus hijos en el 2001, tuvo que buscar la orientación de las “asociaciones de padres con hijos sordos”, para tomar decisiones importantes con respecto a cómo los quería educar, ¿Oralistas o signantes? ¿Pero donde estaba la diferencia?; en que los sordos oralistas; eran sordos que hablan desde un trabajo puramente logopédico e iban a escuelas normalizadas sin adaptación necesaria; y los signantes eran sordos que utilizaban la lengua de signos como lengua vehicular, para su comunicación y aprendizaje, e iban a escuelas adaptadas e integradas. muchos de esos niños sordos que conocí en su momento, no tenían implantes cocleares. Y los pocos que sí, unos dejaron de usarla por los dolores de cabeza y molestias que les producía, pero otros sí lo aprovecharon al máximo. Hoy en día los implantes cocleares son mucho más tecnológicos, con lo cual muchos niños sordos han pasado al mundo oyente.

Recuerdo a mi sobrina con 13 años discutir con su padre sobre su aceptación de que ella “era sorda y punto” de que le aceptara así tal como ella era.. y no intentarán modificarla Ni con implantes cocleares, Ni con más logopedia, para que ella hablara como los oyentes. En el caminar de mi hermana en el mundo de los sordos, encontramos de todo, padres que no querían por nada del mundo qué sus hijos lo fueran ni lo parecieran, que se vieran “normales”. Otros que promovían que sus hijos integrarán la comunidad sorda en la que se vieran reflejados, reconociendo la lengua de signos como su lengua materna. Para mi entender era el hecho de reconocer; que el ser sordo formaba parte de su identidad.

Postdata: Mi sobrino mayor estudia mecatronica en la UPC. La niña, hoy jovencita acaba de terminar diseño de interiores, y ya fue contratada por el estudio que le dio las prácticas.

Te busque durante años (relato real)

22 Sep

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Eran las 10 de la mañana y Pedro miraba nervioso, por la ventana del salón del hotel, frotándose sus manitas con ansiedad, convirtiendo sus suspiros infinitos, en hálitos largos y temblorosos… de pronto se detuvo un taxi rojo frente a la puerta, un Toyota viejo y parcheado, del que se bajaron dos mujeres jóvenes de unos 30 años. La primera en bajar, llevaba una falda tubo de lana en color negro, botines oscuros a medio tobillo, el pelo recogido en una sencilla coleta hacia atrás. La segunda llevaba una falda amplia en color granate, botas altas y oscuras, el pelo suelto sujeto por uno de los lados con una hebilla de metal. Ambas estaban ataviadas de sendos abrigos para protegerse del intenso frío de la mañana. Los minutos y los segundos se hicieron largos e interminables, mientras Pedro miraba ensimismado el caminar de una de ellas, hasta el lumbral de la puerta.

A tan solo tres pasos, se encontraron uno frente a otro, “madre e hijo”. El pequeño no dudó en lanzarse a sus brazos, mientras ella lo recibía con mucho temor, no sabiendo cómo corresponderle, intentó buscar en la mirada de la madre adoptiva, su permiso. Esta, con un gesto cómplice y silencio abrió y cerró los brazos, como diciéndole ustedes mismos. Y en ese breve instante, el esperado abrazo se dio con mucha ternura, dolor y miedo. Un abrazo que se hizo esperar más de 11 años, era el rencuentro de una madre y un hijo, que tuvieron que separarse por circunstancias de la vida, cuando este recién la iniciaba.

-“Desde que supe que era adoptado, supe que tenía que encontrarte ¡y no pare!!  aunque los psicólogos me dijeran que no estaba preparado… (Sollozo por un largo rato). ¡Pero mira, aquí estoy!”.

Como madre adoptiva, me pregunto: ¿Cuándo es que empieza esa búsqueda? ¿Es una búsqueda permanente?, ¿Es una búsqueda consciente desde muy pequeños?.. son tantas las preguntas para meditarlas, y así saber cómo ayudarles y no negarles esa necesidad que tanto les apremia.

 

Somos Sangre

15 Sep

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Como en las novelas de Jose Maria Arguedas, Elena recalcaba a su prima Maria –“Somos sangre” quien le miraba con desconcierto por su improvisada visita, después de 37 años. –“Somos sangre”, repetía una y otra vez, a sus parientes indios para que le sintieran más cercana. –“Somos sangre”, era la manera de romper aquellos tabúes de un pueblo que se había divido por raleas, durante siglos. los Mistis (Mestizos blancos) y los runas (indios).

Desde tiempos inmemorables, las relación humanas con la sangre han sido una constante para la perduración de una estirpe o familia; suscitando a lo largo de la historia innumerables guerras de sucesión. En la cultura Incaica, también tuvieron connotaciones similares para perpetuarse en el poder, mientras el pueblo se relacionaba mediante los Ayllus (grupos de familias que vivían en comunidad) sin importar las relaciones consanguíneas aun que se fundamentaban en un antepasado común, primando el origen lingüístico y costumbrista. En la época de la colonia toma importancia la relación de la sangre como un privilegio “el ser blanco de origen español”. En la actualidad en ciudades y pueblos altos andinos del Perú, aún se relacionan por este principio, “somos sangre”, porque compartimos un antepasado común y un apellido español, porque somos parientes aun que no nos parezcamos, una forma de acercarse a aquellos que teníamos lejanos u olvidados.

 

Amor de tía, amor de madre

4 Ago

amor de tia

Hace más de 24 años experimente lo que era ser tía por primera vez, acompañe a mi hermana durante su embarazo, miraba con asombro como crecía su pancita, como se movía ese bebe que venía en camino, compartíamos miedos e incertidumbres de cómo lo cuidaríamos, ya que mi hermana aún vivía en casa de nuestros padres mientras terminaba la universidad.  Yo cursaba la mitad de carrera, y para mí el experimentar esa nueva forma de amor fue algo maravilloso, tuve la suerte de que mi hermana me dejara participar de su vida, de manera cercana e intensa junto a mis sobrinos, lo que me preparo para desenvolverme en el papel que la vida me tenía reservado.

El ser tía me enseño a que “el poseer” debiera quedarme lejano, que soy un medio, una solución temporal o de larga duración, pero para mí esta forma de entrega me preparo para ejercer como madre adoptiva, de una manera libre sin ataduras, dejar que fluya el amor de manera natural, que los niños sean libres de sentir.  Ellos saben que tienen su madre, que sea cual fuese la situación, ella existe y tiene un sitio en sus vidas, como el debido respeto en la mía.  Yo soy una segunda madre (una forma de posicionarme) o simplemente soy la compañera de aventuras de sus vidas, como dice mi mayor, “su sancho panza”, esa persona que está a su lado siempre, la que le espera de sus idas y venidas, pero que no le acongoja ni le presiona. Estoy segura que esta forma de amor que creció en mi hace 24 años, me preparo para el amor que hoy experimento con mis hijos, un amor libre, sin necesidad de posesión, sin temor de que mis hijos amen a sus madres, ya que ese amor significa amarse a sí mismos, lo que son, de donde vienen, lo que significan.

 

Desde mi privilegio “la primavera racial en el Perú”

26 Jul

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Quiero hacer un stop para hacer una reflexión sobre “la primavera racial en el Perú” Esta lucha contra toda forma de discriminación y racismo que se ejerce en el país. La que ya era hora de poner fin, para  generar un cambio en una sociedad que debiera ser igualitaria. El Racismo en el Perú se hizo institucional desde la época de la colonia hasta nuestra actualidad, siendo incapaces de parar y reparar en nuestra forma de relacionarnos. Para desaprender, debiéramos iniciar un ejercicio de introspección, de las veces en la que lo hemos ejercido;  y no valen excusas como “que conmigo también lo fueron”. Creo que va más allá de una simple reflexión, para mí es un acto de humildad, es una meditación de larga duración en la que debiéramos considerar las situaciones de privilegio, que nos llevó a pensar que estábamos por encima de los demás.

A que me refiero con eso del privilegio. Por ejemplo, los que somos mestizos blancos en el Perú, de por sí hemos vivido situaciones de privilegio sea cual sea nuestra situación socioeconómica, en el colegio, en el trabajo, o para entrar a una discoteca o zona de ocio; ya que se nos consideraba “que teníamos muy buena presencia” una forma descarada de seleccionar a los que tenían facciones más amerindias o afrodesendientes para su rechazo. Otra manera de favorecerse de estos provilegios, era pasar una preselección para un puesto de trabajo o para ingresar algún club social, y por tener un apellido extranjero de difícil pronunciación era mas sencillo, mientras los apellidos indigenas de origen quechua o aymara eran revisados hasta con lupa. También el favoritismo que existe al pertenecer a ciertos barrios,  generan privilegios frente a los que proceden de zonas populares, consideradas marginales; aunque ambos hayan realizado estudios en la misma universidad, la brecha es inevitable. Si tuviéramos que hacer un listado de privilegios nos quedaríamos cortos en este breve artículo.

Por ello mismo, invito a los que dicen que “No son racistas”, o no creen que haya racismo en el Perú, a que realicen este acto de introspección, de esos privilegios que les ha hecho la vida más cómoda, y se pongan en los zapatos de los que lo han sufrido constantemente, y seamos capaces de sumarnos en esta lucha.

 

De vuelta a nuestras raíces

22 Jul

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Como en casi todos los preparativos de viaje de vacaciones, se suman a nuestras maletas emociones intensas, entre expectativas e incertidumbres. Nosotros como toda familia inmigrante, volveremos a nuestro país de origen, un viaje esperado y preparado desde hace mucho tiempo; y a pocos días de nuestra partida, comenzamos a experimentar un vértigo de emociones.

Para mis hijos, estas emociones se les denotan a flor de piel,  unas veces haciéndose muchas preguntas sobre sus orígenes biológicos, otras de solo el querer verse reflejados entre más niños como ellos, o el querer vivir experiencias en zonas donde hubieran crecido si no hubieran sido adoptados. La pequeña llevara consigo su vestido brilli-brilli para poder estar guapa para el encuentro con la madre social. Mientras mi mayor tiene una mochila llena de preguntas, las que me imagino que solo saciará, cuando escuche de viva voz a su madre biológica, sus razones. Mi madre volverá después de muchos años a su pueblo natal, en los andes ayacuchanos, para despedirse de su casa y recuerdos, por ser un viaje complicado donde la travesía de por sí, ya es una aventura.

“Volver al país de origen, no siempre es volver a casa” muchas veces te sientes un extraño rodeado de caras conocidas. Sentimientos que compartimos los inmigrantes con la adopción internacional.

Depredador es depredador

21 Jun

Imagen vía La Mula

Tengo que volver para zanjar un asunto familiar, pero no tengo suficiente dinero para comprar mi billete. También he pensado que puedo hacerlo de manera virtual juntando a la familia… pero la verdad no sé cómo hacerlo. Explicaba Ricardo a su madre, mientras ella en su habitual conversación con su hijo, al que a veces pareciera que se le fuera la olla, entre tanto meditar y profundizar en los temas; de repente se le pusieran los vellos de punta, porque sentía que habría algo más profundo en aquella conversación.

¿Qué es lo que tienes que zanjar, hijo?

-Hay algo, del que ya estoy preparado para hablar, pero la familia tiene que saberlo.

¿Qué es lo que pasa Ricardo? -Replica la madre en tono más serio.

Ricardo suspira profundo y con la voz clara responde  -Fui objeto de violaciones cuando era pequeño, por alguien muy cercano a nosotros… (Pausa un silencio y continua) era muy pequeño y yo solo pensaba en jugar…

En ese instante Carolina, sentía como el estómago se le volteaba de golpe, el corazón se le salía por la boca, la voz se le entrecortaba. Y solo en su cabeza se le venía; -en qué momento!! En qué momento!! Segundos de silencio, seguidos de un dolor amargo que empezaban a enmarañar todo su cuerpo.

¿Cuándo fue hijito? ¿Quién fue? ¿Cuándo me vine? -Carolina preguntaba con desespero, había inmigrado a España para tratar a su hijo pequeño, y dejo a su hijo mayor al cuidado de sus padres, parecía que todo era seguro, parecía un entorno saludable; pero no fue así. El depredador estaba entre ellos, alguien joven con el que Carolina había crecido, mejor dicho había visto crecer.

Hace unos años, el investigador Jaris Mujica presentó el informe Las violaciones sexuales en el Perú, que es un estudio que registra la problemática sobre la violencia sexual en nuestro país, en los primeros 10 años de este nuevo siglo.

Las cifras que arrojó el informe de Mujica fue que, en 10 años, se registraron 68 mil violaciones. Este número se basa en la cantidad de abusos denunciados. Solo los denunciados.

De acuerdo con la web Infos, que en el 2011 amplió el tema sobre los abusos sexuales en el Perú, la cifra es aún mayor puesto que hay muchos más casos que no son denunciados por miedo de la víctima. Aun así, si sacamos cuenta de las personas violadas cada día, el número sigue siendo abrumador.

“Esto quiere decir que, diariamente, 20 personas son violadas al día en el Perú”.

“De todos los casos, en un abrumador 93% de casos, las víctimas fueron mujeres”.

“Y eso que estamos hablando de los casos que efectivamente llegaron a denunciarse”.

“Como en todo tema social sensible, las estadísticas solo son la punta de iceberg y existe una cifra oculta“.

“Podríamos decir que hay un sub-registro de violaciones en el Perú —nos dice Jaime Jiménez, médico siquiatra y asesor en salud mental del MINSA—. La violación existe en todos los estratos sociales y a todo nivel, lo que pasa es que muchas veces se esconde, no se informa”

Podemos seguir leyendo en ¿Realmente somos un país de violadores?

Depredador es depredador, no lo ocultes, no te calles, denuncialo!!